domingo, 14 de septiembre de 2014

Cuando te rompen el corazón… ¿Qué puedes hacer? -Desayuno espiritual 14 de septiembre de 2014

                                     


Biblia en un año: 
Salmos 140–142
1 Corintios 14:1-20

Por Noemí Greer

"Siento como si todo terminó” “No me quiero levantar” “No quiero continuar” “Estoy llorando todos los días” “No tengo ganas de vivir” “El dolor me está matando” “No sé que hacer” “Mi vida no tiene sentido” “No quiero comer” “No puedo dormir”.


Si alguna vez te han roto el corazón quizá has pronunciado algunas de estas frases de arriba. Todas son verdad y legítimas. Tu dolor necesita atención y ayuda.

No dudo por ningún momento que tú dolor es muy grande. He pasado por situaciones que me han hecho decir las mismas cosas. No estás sola en tu dolor.

Las heridas que experimentamos en el corazón pueden llevarnos a la desesperación y a sentir todo lo que leímos al principio y mucho más. Son realidades por las que pasamos que son difíciles de superar sin la ayuda de Dios. A veces muchos necesitan ayuda profesional para poder continuar después de un gran dolor.

La realidad es que ninguno de nosotros está exempto de experimentar un dolor en el corazón de cualquier índole. La vida tiene su altos y sus bajos. Lo importante es estar preparados para sobrellevar esos bajos cuando tocan a la puerta.

No te voy a dar una fórmula. Tampoco te voy a decir que no tienes un dolor y que no le prestes atención. Algo que sé es que Dios nunca va a ignorar tu dolor. Cuando viene a sanar tu herida, El la quiere cicatrizar para que tú seas la evidencia de su poder de restauración hacia un mundo que vive en dolor.

En la Biblia vemos a Dios reprochando la actitud de aquellos que pasaban por alto una herida: “Curan por encima la herida de mi pueblo, y les desean: ‘¡Paz, paz!’, cuando en realidad no hay paz” Jeremías 8:11. Dios nunca hará esto con tu herida. Dios sabe exactamente cuando estamos adoloridos, tristes, sin esperanza y sin paz. El quiere intervenir a tu favor y sanarte. Dios tiene un corazón lleno de compasión y ve tu dolor, El no lo ignora. Dios sabe el dolor que esa herida te ha causado y conoce a fondo tu necesidad de sanidad.

No hay nada como una herida mal curada, siempre duele y siempre te recuerda donde te lastimaste ¿verdad? Me lastime la rodilla recientemente, cada vez que quiero arrodillarme me duele. Cuando me duele recuerdo donde, cómo y cuando obtuve esa herida. Porque tengo dolor siempre me acuerdo de la herida; pero una vez que el médico me dé la medicina y el tratamiento adecuado este dolor pasará. Así mismo, Dios tiene el tratamiento y la medicina que necesitamos para sanar y vendar las heridas de un corazón roto.

Leí este versiculo en Salmos 34:18 que dice: “El SEñOR está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado.” En Mateo 5:4 se nos dice también esto: “Dios bendice a los que lloran, porque serán consolados.”

Cuando tu corazón está roto, El está cerca y no porque se complace en verte sufrir sino que quiere hacer algo por tí. Bendecida eres cuando lloras…. A simple vista esto parece una contradicción ¿verdad? Pero ¿qué es lo que dice el verso acontinuación? ¡Porque serás consolada! Esa es la bendición que proviene de Jesús cuando está cerca para sanar nuestros corazones rotos: nos consuela, nos venda, nos sana. El está allí para cumplir con su misión.

¿Qué debemos hacer cuando tenemos el corazón roto y herido? Esta es la pregunta que requiere una respuesta. Es verdad que las lágrimas no dejan de faltar, el dolor se hace presente a cada momento y parece como si estuviéramos destinadas a vivir así. Qué equivocadas que estamos si pensamos de esta forma. El Señor vino para sanar y vendar las heridas de nuestros corazones rotos. Quiero sugerirte una prescripción acontinuacion:

1)Sométete a una temporada de sanidad. Eclesiastés 3:3 dice que hay: “…tiempo para sanar” No podemos dejar que el tiempo pase con heridas que siguen doliendo.

La sanidad que Jesús quiere darnos no es superficial sino desde adentro. Si tenemos una herida que necesita Su atención, entonces las animo a dedicar un mes en donde todos los días conversemos con nuestro Dios sobre esa herida. Dejemos que Dios la vende y la cure. Si tienes a alguién en quién confias pídele a esa persona que te ayude en oración.

Después de 30 días si lo lograste con Jesús entonces alégrate, pero si no es así y necesitas 30 días más ¡hazlo otra vez! Cuéntale todo sobre tu dolor. ¡Vale la pena! Te darás cuenta que Dios está muy interesado en curar esas heridas. El no las ignora.

Dios sabe lo difícil que es para nosotros vivir asi y por esto nos ofrece su sanidad. Mira lo que dice Salmos 22:24: “Pues no ha pasado por alto ni ha tenido en menos el sufrimiento de los necesitados; no les dio la espalda, sino que ha escuchado sus gritos de auxilio.” Me bendice muchisimo saber que Dios no me da la espalda o pasa por alto mis sufriemientos. ¡Este mensaje también es para tí!

2)No dejes que la culpa se entrometa en tu sanidad. A veces podemos sentirnos como si merecemos el dolor por el que estamos pasando y no dejamos lugar para ser sanados. En Salmos 147:3 se nos dice: “Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas.”

Este es un proceso. El puede poner su mano y en un instante sanar esa herida. Parece ser que en asuntos del corazón, Dios escoge el método de vendar nuestras heridas y esto nos habla de un proceso. ¿Con qué objetivo, me pregunto? El quiere que amemos al Sanador mas que a la sanidad. El quiere que realmente aprendamos a conocerlo. Que cuando salgamos de esta experiencia, nuestro amor y devoción hacia El sea mucho mayor.

Mantén una comunicacion abierta con Dios, aprendiendo de su Palabra y conociéndolo mejor. No te conformes con sentirte mejor, pero deja que El llegue al fondo de esa herida y la sane. ¡El puede hacerlo!

Dios quiere que sepas que tú vida vale la pena. Que El te creó para un propósito hermoso. Dios quiere ser tu vida porque solo en El encontramos lo que necesitamos para vivir una vida llena de satisfacción.

A veces esa cosa material en lo que hemos estado poniendo nuestra fe para nuestra felicidad y satisfacción es un ídolo que tiene que ser demolido para que podamos ver claramente que fuera de Dios no hay nada que pueda traernos la felicidad. ¡El es a quien necesitamos en esta vida! Cuando comprendemos esta verdad, empezamos a sanar y a vivir verdaderamente.

Te pregunto: ¿Qué pasos vas a tomar hoy para empezar a sanar ese corazón roto? Si deseas la sanidad da los pasos necesarios hoy mismo.

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