sábado, 28 de febrero de 2015

{Ester} Dia XVII...Decir “sí” en el aquí y el ahora - Desayuno Espiritual 02 de marzo de 2015







Leer: Ester 4.8-11 / Meditar: Proverbios 20.28


Estaba de pie en la cocina con un bebé llorando en mi cadera y otro a mis pies, y lo vi salir por la puerta.




Sin mí. Una vez más.


Esperé hasta que lo oí partir en su auto antes de caer acurrucada en el suelo de la cocina y dejar que las lágrimas se deslizaran silenciosamente por mis mejillas. Lágrimas que yo no quería que él viera. No sólo había sido un día largo, habían sido unos meses largos sin final a la vista. Bebés de dieciséis meses de diferencia con muchas necesidades y no haber dormido durante muchas noches pueden cobrar su cuota en una chica.


Mis lágrimas podrían haber parecido un poco más apropiadas si él se dirigiera a algún lugar un poco más – no sé – cuestionable. Pero ¿saben qué chicas?, él iba… la iglesia. Habíamos hablado dulcemente sobre esto, y que sólo sería durante una temporada. Las tomas, un bebé con cólicos y un horario temprano para ir a la cama significaba que yo iba a quedarme, y que él iría. No había otra manera, después de todo, de satisfacer a este bebé que tan rotundamente se había negado al biberón. Así que allí estaba yo, sentada cubierta de buches de bebé, pensando en todas las cosas que ya no podía hacer para Dios.






“Señor, haré lo que sea para Ti”, había dicho.


Cuando era pequeña, me sentaba cautivada semana tras semana, mientras veía a la esposa de nuestro pastor tocar el piano al inicio de cada servicio de la iglesia. Su hermoso cabello largo y castaño colgaba en rizos por toda su espalda mientras ella se balanceaba con elegancia al ritmo de la música, y recuerdo que pensaba que ella estaba haciendo algo realmente grande para Dios.”Si quieres que sea la esposa de un pastor, lo seré”, le había ofrecido a Dios a través de una oración sincera. Y después de ocho largos años de clases de piano, me casé con un hombre increíble, piadoso…


Que resultó ser un farmacéutico.


Ese farmacéutico y yo nos sentamos rodilla con rodilla en un banco, años más tarde, y nos sentimos profundamente conmovidos por el mensaje. Había misioneros de todas partes, y sus fascinantes historias hablaban de la necesidad de promover el Evangelio de una manera que nos había tocado en lo más profundo. Después de no poder soportar la puntada en nuestros corazones por más tiempo, caminamos por el pasillo, caímos de rodillas y juntos con las manos agarradas firmemente dijimos en voz baja: “Señor, envíanos, si es Tu voluntad.” Y quisimos decir cada palabra.


Y luego no lo hizo.


Con el tiempo, la profunda necesidad de ser parte de algo “grande” para Dios continuaría yendo y viniendo, pero nuestros corazones inquietos se sintieron contentos al dedicarnos a servir más en nuestra iglesia local. Nos encantó aceptar tareas y cumplirlas y ser parte de los equipos. Nuestras contribuciones no eran de lujo, pero estábamos dispuestos, y se sentía bien ser útil para Dios.


Y entonces esos dos bebés llegaron en un torbellino.


Y allí estaba yo sentada en esa cocina, con dos bebés llorando en mi regazo, añorando esos días en los que me sentía realmente útil para Dios. Oh, amaba a aquellos bebés con todo lo que tenía. Yo había orado por ellos. Esperado por ellos. Agradecía a Dios por ellos una y otra vez. Pero si ni siquiera podía ir al baño sola, ¿cómo iba yo a empezar a hacer una diferencia para el Reino?


Y en el proceso de esperar a ser grande para Dios, me había perdido un millón de pequeñas oportunidades para dar honra a Su gran nombre allí mismo, en mi propia casa.


Verás, “para esta hora” no solo incluye las cosas grandes. Oh, puede haber algunas grandes, audaces, emocionantes y arriesgadas oportunidades de Dios, para las que Él te llama a lo largo del camino. No te las pierdas.


Pero todos los días, Dios nos está llamando al aquí y al ahora.





{Seis años atrás: un día después de convertirme en madre de cuatro, y un día después de enterarme de que este viaje podría incluir una niñita valiente después de todo…}


¿Dónde estás? Eso no es un error. Y sea lo que sea en que consistan tu aquí y ahora, te prometo que si te paras a tomar un momento para mirar a tu alrededor, encontrarás un montón de trabajo para el Reino que hacer. ¿Esa preciosa generación de gente pequeña justo en frente de tu cara? Son la iglesia del mañana. ¿Tu vecino de enfrente y el que está frente a tu cubículo? Puedes ser el único Jesús que verán en su vida. ¿Esa comida que hiciste, la nota que enviaste, ese cheque que giraste, la oración que oraste? Tú solo puedes estar inspirando a alguien a amar a Dios grandemente con su vida.


Todo porque decidiste decir “sí” al aquí y al ahora.


Mucha gente quiere hacer las cosas “grande” para Dios, pero hay nobleza en la vida, en los lugares apacibles, humildes, coherentes e invisibles, donde nadie más que Dios ve. Él se deleita en los que son fieles en lo poco, porque sabe que ellos son en los que se puede confiar también en lo mucho cuando sea el momento adecuado. En el aquí y el ahora, Dios está trabajando a propósito en nuestra preparación y refinación de maneras que tú y yo no podemos ver. Él lo hizo por Esther, y lo está haciendo todavía hoy en día.


“Para un tiempo como este.”


“¿Incluso esto, Señor?”


“Sí, mi niña, incluso esto.”


Así que nunca me convertí en una misionera en el extranjero y no puedo tocar el piano hoy para nada en la vida, pero hay una niña valiente en mi casa que está enamorándose de Jesús más y más cada día…


Y lo poco resulta ser no tan poco, después de todo.


“El que es fiel en lo muy poco, también es fiel en lo mucho…” ~ Lucas 16:10


¿Y quién sabe si no has llegado a tu trono precisamente para un momento como este?” ~ Ester 4:14


A sus pies,


fuente:amaadiosgrandemente

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