lunes, 23 de febrero de 2015

{Ester} Dia XV...Para esta hora has llegado - Desayuno espiritual 25 de febrero de 2015


Leer: Ester 4.1-3 / Meditar Salmo 51.17Eso es… esta es la semana en el que aparece este conocido versículo.




“Para esta hora has llegado”.


Parecería que, hasta llegar a esta conocida porción del libro, hemos estado en una novela romántica, pero, la verdad es que el glamour y las escenas de banquetes y tratamientos de belleza, riqueza y honor que parecen sacadas de una escena de película, desaparecen cuando llegamos al capítulo 4 de Ester.


Sin glamour. Sin gloria. Sin salidas fáciles desde aquí. Ni siquiera la posoción de Ester como reina le garantiza su futuro.


Y este drama imprecedible me recuerda mucho a la vida cristiana. Oh, no te confundas, sabes bien cómo termina esta historia, pero la victoria final no garantiza un recorrido sencillo.


Recuerdo bien la belleza, la emoción y el gozo desbordante que tenía al principio de mi caminar con mi Salvador. Había experimentado el sacrificio de Jesús por mí y la gracia había llegado hasta lo más profundo de mi ser. Era joven, tenía esperanza y estaba deseando arriesgar las cosas de este mundo para elevar el nombre de Aquel que dio Su vida por mí.


Y entonces, de algún lado, de alguna manera, en medio de todo este esfuerzo de vivir, la vida se complicó y se volvió un poco demasiado cómoda, y esos riesgos, esos sacrificios que una vez merecían la pena, de repente parecían demasiado para poder soportarlos.


“Para esta hora has llegado” Dios, creo que voy a pasar de esta, creo que es el turno de alguien más por ahora…


No fue Dios quien cambió.


“No, Dios no se ha vuelto menos soberano o menos confibale o menos merecedor de todo mi ser. Solo que yo he fallado en verle tal y como antes lo hacía.”


E incluso ahora, en mi humanidad, mi fallo suele ser el de limitar a Dios antes de que tenga tiempo para actuar. Quiero saber cómo van a salir las cosas antes de arriesgarme a ver si el sacrificio merece la pena. Pero cuando limitamos a Dios de obrar a través de nosotras, somos las únicas que perdemos. Decir “yo no, no ahora…” no limita el cumplimiento del plan de Dios, limita tu participación en una historia más grande que Él está escribiendo y que aún no podemos ver”.


Así que, ¿de qué formas nos preparamos para ser utilizadas por Dios? Considera estas lecciones del capítulo 4 de Ester –


1. Invierte con sabiduría ahora porque va a tener importancia después.


La influencia de Ester no comenzó con una decisión arriesgada en el palacio. Una serie de elecciones correctas (facilitadas por la Soberanía de Dios) la guiaron a una posición de realeza y respeto, que serán cruciales para su efectividad a la hora de defender a su pueblo. Lo que haces ahora importa. Tengas 16 ó 60, invertir de manera intencional en el hoy puede abrir puertas que sean usadas por Dios mañana.


2. Hay un tiempo para el duelo, pero no te quedes en él.


El capítulo 4 comienza con una intensa escena en la que Mardoqueo se duele por su pueblo y de manera comprensible: acaban de ser condenados a muerte. Piensa en lo diferente que hubiera terminado todo si Mardoqueo hubiera seguido con esa actitud derrotista. En un punto, Mardoqueo tomó la decisión de cambiar de ser alguien en desesperación amarga a ser la clave que comenzaría el plan de acción para salvar a la nación Judía. Haz duelo por el tiempo apropiado, pero no dejes que ese estado quite tu esperanza de Dios y te lleve al punto en el que Dios no pueda utilizarte. “Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría.” – Salmo 30:5


3. Prepárate para la batalla comenzando por quedarte quieta.


Aunque la oración no se menciona específicamente en este capítulo, se asocia con el ayuno en el Antiguo Testamento. Antes de apresurarse a una decisión riesgosa, Ester y otros pasaron tres días ayunanado y orando. ¿Cuántas veces has actuado con rapidez, tomando decisiones apresuradas antes incluso de consultar a Dios, sólo para mirar atrás y arrepentirte? Cuando humildemente nos sometemos a la autoridad de Dios, a Su sabiduría y Su fuerza en nuestra debilidad, inclinándonos ante Él en reverencia y sumisión, estaremos apropiadamente preparados para la batalla.


4. Reconoce el potencial de tu posición.


Dios puso a Ester en un lugar específico para un momento específico. Su respuesta no fue “quizás después” o “No estoy tan preparada como otras” o “mi vida no está muy bien ahora mismo y no siento que pueda hacerlo”. Por el contrario, ella se adueñó de su papel de influencia y no se echó para atrás cuando se vio que el camino no sería fácil. Dios nos pone en nuestras relaciones, en el trabajo, en el hogar, el el campo de fútbol, en la iglesia, en el hospital y en miles de lugares y nos da esferas de influencia únicas en las que podemos vivir con valentía para Él. ¿Reconoces el potencial de tu posición o estás pasando el tiempo deseando desesperadamente que Dios escoja a alguien más?


5. Prepárate para tomar los riesgos correctos.


El riesgo es algo engañoso, porque hay una diferencia profunda entre un riesgo tonto y un riesgo que exalte a Dios. Dicho eso, hay muchas historias en la Biblia en las que personas ordinarias tomaron riesgos que exaltaban a Dios, lo que motivó que Dios las usara de maneras extraordinarias para Su Reino. En palabras de John Piper, “está bien arriesgrse por la causa de Dios” y, en palabras de Ester, aunque suene arriesgado, está bien decir, “Y si perezco, que perezca”.


6. Recuerda a Quién perteneces


Cuando hay decisiones arriesgadas, los finales no siempre serán claros. No hay atajos en este mundo, solo la promesa de la victoria vinal que tenemos a través de Jesús sobre el pecado y la muerte. Pero con Dios de nuestro lado, podemos decir de manera obediente “sí” a donde Dios nos guía, porque Su soberanía siempre va a ser para nuestro bien y para Su gloria. Cuando pasamos tiempo en la Palabra de Dios, recordando quién es Jesús y lo que ha hecho por nosotras, de nuevo se nos recuerda que estamos seguras en Sus brazos, que es más que capaz de cumplir Su voluntad y que Él es más que digno de nuestras vidas.


No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; – 2 Corintios 3:5-12


A Sus pies,


fuente: amaadiosgrandemente

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