lunes, 11 de agosto de 2014

Vasijas de honor - Desayuno espiritual 11 de agosto de 2014


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Por Roy Lessin

Pero ahora, oh Señor, Tú eres nuestro Padre;Nosotros somos el barro, y tú nuestro alfarero; Y todos nosotros somos la obra de tus manos. Isaías 64: 8 NVI

Una vez que un alfarero moldea un recipiente sobre su rueda, es el alfarero quien decide cómo quiere utilizar la obra de sus manos. El recipiente no podrá utilizarse a sí mismo. Toma  el alfarero su mano para levantar la vasija, llenarla, y la usa de la forma en que se ha propuesto, cuando él le dio forma.

Un alfarero puede tener un centenar de diferentes vasos que ha formado sobre su rueda. Cada recipiente puede ser de un tamaño y forma diferente. Cada uno puede ser destinado a un propósito diferente y se utiliza en diferentes momentos. Un recipiente puede ser utilizado cada día y otro utilizado en raras ocasiones. Esto no quiere decir que el que se utiliza todos los días es más importante que el recipiente que se utiliza muy poco. En el plan del alfarero, la que se utiliza muy poco no se ha considerado insignificante, pero mantuvo con un propósito especial.

Somos los vasos del Señor. Él es el alfarero y nosotros somos el barro. Él es el que nos ha hecho y nos da forma, y Él es el quien nos va a usar de acuerdo a Su voluntad. Sólo nos frustramos nosotros mismos cuando decidimos cómo deberíamos ser usados, cuando deberíamos ser usados, o donde deberíamos ser usados. También podemos añadir  frustración, cuando nos esforzamos por hacer que las cosas sucedan.

Debemos descansar en Su voluntad y no luchar en nuestros propios intentos de ser usado por Dios, en el momento y de la manera que le parezca mejor para nosotros. En lugar de lo perfecto de Dios para nosotros, en Él siempre habrá la gracia de Dios para que sea suficiente, su paz, su favor y su bendición para cumplir su propósito.

Aunque somos diferentes vasijas con distintas funciones, todos podemos ser vasos de honra.Un vaso de honor es un recipiente que está limpio.Si somos un recipiente limpio, somos un recipiente que está listo para ser utilizado como elige el Maestro.

Padre, Tú me has formado y me formas en el vaso de su elección. Te pido que creas en mí un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí. Lávame por Su palabra, límpiame a través de la sangre de Jesús, y me apartó para que me uses en su lugar, en su forma, en su tiempo. Úsame en la forma en que lleva a cabo el mayor bien, que más te gusta y que te trae el mayor honor. 

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