miércoles, 25 de mayo de 2011

¡LIBRE PARA DECIDIR!

¡LIBRE PARA DECIDIR!
“Todo lo que no proviene de fe es pecado”, dice Romanos 14:23. ¿Podemos pensar que tiene confianza en Dios una dama soltera, que, presa de esas emociones, entra en pánico y corre a casarse por miedo a quedarse sola? Dejarse llevar por esos miedos no es sino el producto de una gran desconfianza en Dios y desconocimiento de Su carácter y fidelidad.
Una hija de Dios —no importa qué edad tenga—, no necesita mendigar afecto, ni alquilarse en matrimonio para obtener compañía y abrigo.
No tienen porqué insultar de esa manera a su Padre y Creador y degradarse a sí misma.
¡Tienes al Espíritu Santo, el compañero y Consolador por excelencia! ¿Son acaso más eficaces los consuelos de la compañía de un ser humano cuando vienen las crisis del alma?
Un marido es humano, y podría fallarte o hasta llegar incluso a abandonarte. No es para nada lo normal entre cristianos, pero podría ocurrir. La apostasía o la infidelidad son posibilidades. En cambio, el Espíritu Santo te fue dado para estar contigo para siempre (Juan 14:16) y no dejarte jamás. La fidelidad de Dios es completa y para siempre. El no cambia.
De acuerdo, no somos sólo alma, somos también de carne y hueso. Y para eso está la koinonía con el cuerpo de Cristo. ¿No son muchas veces las genuinas amistades cristianas, compañeras más cercanas y provechosas, aun que familiares mismos? En la lucha por las almas, en la batalla para defender a los oprimidos y hacer misericordia, ¿no se forjan lazos de afecto y compañerismo como en ningún otro lado?
Tienes al Espíritu Santo y amigas y amigos fieles, como los que el mundo no puede darte. ¿Y temes a la soledad?
Y por la provisión para los años futuros, ¿será más fiel la cartera de un marido que tu Padre que está en los cielos? ¿No ha probado ser contigo fiel ya Dios ahora, supliéndote lo necesario o dándote habilidades para que lo hagas? Hermana, ¿ha sido fiel Dios contigo hasta ahora y no lo va a ser mañana cuando tú más lo necesites? ¿Acaso Él cambia?
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¿No te prometió Él que si buscas primero el reino de Dios y su justicia, te será provisto sustento y abrigo?
Sirviendo a Dios soltera. ¿Tendrás menos, o más necesidades económicas que si tienes hijos casada?
Y cuando hablamos de que Dios es fiel para proveer, no nos referimos a misticismos ni a vivir de la limosna ajena.
Para empezar, tienes ya talentos, quizás un oficio o profesión, y la oportunidad de capacitarte para enfrentar la vida. Eres soltera, no discapacitada. Tienes salud, cerebro, dos manos y dos piernas. Y al ser cristiana, por definición no puedes ser floja ni mucho menos.
¿Qué te falta entonces a ti que no tenga cualquier inconversa soltera que ya se abre paso por sí misma en la vida? ¿Quién le teme a trabajar para allegarse medios cuando se necesita?
Débora era juez en Israel. Por decirlo así, magistrado. Trabajaba sin miedo sirviendo en eso a Dios, a la par de cualquiera. Dorcas —soltera— tenía un pequeño taller textil con otras mujeres, y ya no era precisamente joven (Hechos 9:36-39) Eran aquellas, mujeres trabajadoras.
Lidia, mujer sola, comerciaba con púrpura y hasta casa propia tenía (Hechos 16:14-15). Tenía un pequeño negocio para ganarse la vida.
Y si estás tiempo completo en un ministerio, todo tu tiempo ocupado en servir a otros. ¿No lo sabrá Cristo? Escrito está, que no hay nadie que haya dejado tierras, trabajo, padre, madre, esposa (esto es, oportunidades de casarse), que no reciba más en esta vida y hermanos, hermanas, padre, madre, casas, etcétera —con persecuciones— y después de eso, la vida eterna (Marcos 10:30).
¡Discípula! Libérate del ridículo temor a la soledad y de los mitos de la cultura que te impone el matrimonio como única opción para tu futuro. Líbrate de esas mentiras y mira cuántas razones te da la Escritura para que no te afanes por el día de mañana y sirvas ahora con libertad a Dios.
No vendas tu integridad enlazándote en un matrimonio porque temías quedarte sola. No hay compañerismo humano que supla al del Espíritu Santo.
Si estás llamada a casarte, hazlo con buena conciencia. Hazlo sabiendo que no tienes don de continencia, hazlo motivada por el reino y estando satisfecha primero en Cristo. Nada hagas con apresuramiento.
Y si no tienes don de continencia, no seas enlazada con boberías románticas, presiones sociales, y miedos carnales. Pablo dijo que es mejor si te quedas como estás para dedicar tu tiempo, creatividad y fuerzas de lleno a servir a Jesús y a las almas sin distracciones ni aflicciones. Así está escrito:
“Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella... tiene cuidado de las cosas del Señor…pero la casada…de cómo agradar a su marido.”5

martes, 24 de mayo de 2011

MATRIMONIO POR MISTICISMO

MATRIMONIO POR MISTICISMO
• Por “revelaciones” místicas. Entre discípulas y discípulos que estudian las Escrituras es muy improbable que ocurran matrimonios provocados por misticismos. Pero no está por demás una prevención contra esa clase de error. Los matrimonios por misticismo suelen crear infinidad de problemas a la pareja porque se contraen creyendo que son por voluntad divina revelada, cuando en realidad son producto del auto-engaño del corazón o de la ignorancia.
Misticismo aquí se refiere a algún tipo de ‘revelación’ exótica en que se basa la decisión de casarse, o, incluso, ¡hasta con quién! Esos misticismos suelen ser supuestas revelaciones de la voluntad de Dios para una persona a través de sueños (propios o de otras personas), supuestas profecías, visiones, palabras de ‘ciencia’, ‘pedir palabra’ al abrir la Biblia al azar, “para confirmación”, etcétera.
Por ejemplo, alguien dice a una mujer, “Soñé que me casaba contigo y que nos íbamos de misioneros a la India, luego oí una voz que me decía que te lo comentara”. Y en base a eso se le declara alguien a una cristiana. Ese sueño puede ocurrir como simple reflejo natural de que a ese varón le gusta la discípula, o puede ser que este espiritualizando las cosas porque está obsesionado en casarse con ella y en su corazón se ha auto-engañado al grado de que tiene esos sueños y quiere manipularla. Pero de allí a que eso implique que Dios esta diciendo que ella deba casarse con el, es ridículo y peligroso.
Hay sectas en donde algunas personas que dicen tener dones de profecía, por lo general mujeres ociosas y entrometidas, se dedican a repartir “palabras de parte de Dios” a jóvenes incautas, diciéndoles que se deben casar con este o con aquel otro. Tomar la decisión de casarse basándose en cosas tan subjetivas como sueños, etcétera, es riesgoso e irresponsable. Implica hacer a un lado totalmente lo que dicen las Escrituras al respecto del matrimonio y no tomar en cuenta a Dios.
Implica también dejar de lado la razón, el sentido común para tomar decisiones tan importantes.
Es irónico que las revelaciones místicas, que pretenden expresar “la voluntad de Dios”, realmente aparten a la gente de los principios bíblicos sobre el matrimonio y las claves que allí se dan para saber si es más conveniente quedarse solteras o escoger casarse, seleccionando cuidadosamente a la futura
5 1ª de Corintios 7:34
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pareja. Y es irónico que anulen el sentido común para tomar todas las decisiones necesarias para que las cosas salgan bien.
Dice Proverbios: “el simple todo lo cree.”6
Así es precisamente la persona que basada en un simple sueño, ‘profecía’ y cosas así, procede a contraer matrimonio como si el mismo Dios le hubiese hablado desde el cielo.
Y es el doble de ingenuo quien además se guía por esos misticismos para decidir con qué persona casarse. Una panorámica de la Biblia muestra precisamente lo contrario. No vemos en ella un solo caso de ‘revelaciones especiales’ guiando los matrimonios personales de la gente.
Jacob no tuvo un ‘sueño’ para decidir casarse con Raquel. Rebeca no decidió casarse con Isaac basada en una profecía que algún líder religioso le diera. El texto de Génesis dice que ella decidió por sí misma, y tuvo tiempo para pensarlo.
No hay un registro de que Pablo haya sido arrebatado al tercer cielo para decirle que tenía el don de continencia, más bien todo indica que él se dio cuenta que tenía un don, así como toda la gente que tiene otros dones se da cuenta de manera natural. Daniel sirvió a Dios soltero, no dice que haya abierto la Biblia al azar para saber si se debía casar o no.
En el Nuevo Testamento no vemos ningún caso de uso del don de profecía ‘personal’, pretendiendo guiar a la gente a casarse con esta o aquella persona. No hay ningún registro en el Antiguo Testamento de que alguien haya tenido un sueño, o aun consultado al Urim y Tumin para saber si se casaba o no con alguien.
Para cuestiones de celibato o matrimonio, la decisión siempre fue personal, basándose en los principios de la Escritura existentes y en el sentido común y la vocación individual.
No sólo sueños y supuestas revelaciones proféticas, pueden producir matrimonios por misticismo.
Cuando los ministros manipulan su autoridad para andar “arreglando matrimonios” diciendo que tienen “sentires” o revelaciones de que “es la voluntad de Dios que te debes” casar con tal o cual persona, eso es también misticismo y algo muy delicado.
No hay casos en la Biblia en donde los ministros tuvieran la función de andar diciendo a la gente con quién se debían casar. Mas bien, como se ha visto, Pablo instruyó a los cristianos y cristianas para que examinaran con mucho
6 Proverbios 14:15
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cuidado su vocación y llamado a la luz de las Escrituras y consultando la voluntad de Dios respecto y decidieran por sí mismos.
Un ministro espiritual y responsable podrá dar una opinión cuando se le solicita, siempre basándose en la Escritura, no en criterios subjetivos. Deberá, incluso, prevenir a cualquier oveja, si ve que un candidato o candidata a matrimonio no cumple con algún requisito bíblico.
Una discípula sabia sabrá dar un consejo a tiempo, si ve infatuada en un romanticismo idealista a una joven cristiana inexperta, para que medite bien una decisión apresurada de casarse. Todo eso es legítimo y una bendición.
Pero la decisión —y responsabilidad— final sobre quedarse soltera o casarse, pertenece exclusivamente a la discípula(o).
El siguiente proverbio es una sobria amonestación que se aplica a tomar con la debida seriedad todo lo que la Biblia dice acerca del matrimonio:
“Si fueres sabio, para ti lo serás (tú serás el beneficiado); Y si fueres escarnecedor (o sea, alguien que se burla con ligereza de los consejos que da la Escritura) pagarás tú solo (tú serás el afectado).”7
¡Casarse o no casarse! Con cuánta reflexión piadosa y cuidadoso estudio de nosotros mismos y la Escritura debe tomarse esa decisión. Con cuánta oración y uso del sentido común. Y en caso de llegar a una conclusión razonable de que tu vocación es el matrimonio, ¡cuánta más sabiduría es necesaria para elegir correctamente a tu futuro esposo!.

lunes, 23 de mayo de 2011

MATRIMONIO POR MIEDO

MATRIMONIO POR MIEDO
• Por miedo a la soledad. Una de las prácticas más abominables de los impíos es el matrimonio por interés económico. Todos sabemos lo que es esto. Un hombre o una mujer elige a su pareja porque tiene bienes y dinero, y, fingiendo afecto, se casa con ella motivado sólo por interés. Quizás codicia una vida de lujos y excentricidades. O quizás sólo subsistir modestamente pero con un futuro económico asegurado. Este tipo de matrimonios se asemejan a un acto de prostitución de largo plazo. En el caso de la mujer, equivale a rentar su compañía, cuerpo y atenciones, a cambio de beneficios económicos o seguridad financiera (los hombres que se casan por interés con mujeres ricas, se prostituyen igualmente. Alquilan por dinero, alma y cuerpo).
En el ámbito cristiano, las mujeres, especialmente influenciadas por factores culturales, pueden ser tentadas a casarse por miedo a la soledad.
Si una mujer se casa por mero interés económico, se prostituye, no hay duda alguna. ¿No es algo muy parecido si se casara motivada por miedo a la soledad? En ambos casos, la intención es egoísta y el matrimonio es sólo un medio para obtener un beneficio de la pareja.
El miedo a la soledad es un sentimiento muy humano. Es involuntario y no hay nada anormal en él. El problema está en dejarse controlar por él. El deseo de compañía humana es una necesidad muy natural. La clave para una cristiana está en saber como suplirlo y no hacer un ídolo de ese deseo. A propósito, el matrimonio es sólo una forma posible de suplir la necesidad de compañía humana. Una buena amistad con un círculo de discípulas es más efectivo que un matrimonio mediocre o mal habido.
Nuestra cultura refuerza el miedo a la soledad, sobre todo al pensar en los años futuros. En nuestra sociedad, la mayoría de las mujeres no son educadas para la auto-suficiencia, sino para la dependencia servil del macho. El temor a enfrentar la vida solas, se junta a veces con la inseguridad económica y el miedo
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a no tener alguien que nos acompañe en los últimos años de nuestra vida. La “respuesta” aparece casi instantáneamente en la mente condicionada: ¡Casarse y tener una familia! ¡Un esposo que me cuide! ¡Tener hijos que cuando crezcan vean por mí!
Estamos tratando aquí con emociones e ideas muy delicadas que vienen casi de manera intuitiva y provocan matrimonios trágicos. ¿Pero no son todas estas intenciones puramente egoístas? “Que me acompañen, que me cuiden, que me sostengan económicamente, que vean por mí”. Todo es “yo, yo y al final yo”.

domingo, 22 de mayo de 2011

Dios siempre te acompaña

Dios está muy cerca, no tienes que mirar al cielo porque su amor te rodea siempre. Está justo a tu lado, presente, porque es Omnipotente y Omnisciente. Sus fuertes brazos refuerzan tus hombros cuando sientes que la soledad te abruma o el frío te sobrecoge por las noches.

¿Por qué sentirlo lejos si él está tan accesible a ti? Si su gran amor puede llenar cada espacio de tu ser, inundar cada poro, fortalecerte aún en medio de tus debilidades.

A veces caminas, buscas, te pierdes y no te percatas que sus ojos te vigilan. Buscas refugiarte en personas que no te entienden, pero a él lo ignoras o lo cuestionas. Dios desea que converses con él para que sientas su cercanía, pero hablas con todos menos con él. Y ese tiempo que pierdes sin conectarte con él es un tesoro que no aprovechas.

Pero el día de hoy, él quiere que lo recuerdes. Que pienses y sepas que el está bien cerca, siempre accesible a ti. No te dejará ni te desamparará. ¡Seca esas lágrimas y sonríe! Sonríe porque con él te esperan cosas hermosas, días maravillosos, sueños que realizar y nuevas cosas que descubrir.

Recobra el ánimo y nunca te olvides que Dios siempre te acompaña.

Autora: Brendaliz Avilés

sábado, 21 de mayo de 2011

Matrimonio por presion social

MATRIMONIO POR PRESIÓN SOCIAL
• La presión social. Existen otras motivaciones que también empujan a muchas mujeres solteras en la dirección del matrimonio. En nuestra cultura latinoamericana, una de ellas es, simplemente, la presión social. Aunque es cierto que el promedio de la edad en que la mayoría de la gente se casa ha ido aumentado, la realidad es que en nuestra sociedad la costumbre sigue siendo casarse. Es una tradición, una especie de meta o destino que cumplir. Aquellas mujeres que no se casan —especialmente porque quieren tener libertad para servir a Dios— pueden ser vistas como raras. Esto se llama presión social y puede ser sutil o abierta. Es sutil cuando eres percibida como una mujer “incompleta”, o “rara”, especialmente cuando tienes cierta edad y aun no te has casado. Es presión social fuerte cuando familiares o conocidos del mundo te hacen críticas constantes, o bromas pesadas para manipularte. “Te vas a quedar solterona”, “se te va a pasar el camión”, o cosas por el estilo. En ocasiones, familiares entrometidos tratan, incluso, de manipular sentimientos de culpa: la abuela que se queja porque quiere que tengas un hijo para ella porque va a ser su bisnieto, o un papá que te quiere “dejar ya casada” porque esa es su costumbre y no puede pensar de otra manera porque fue educado en una sociedad machista, etcétera.
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Pero las discípulas de Jesús no se casan y embarazan para agradar a abuelas, padres, o tías. Las cristianas no se dejan manipular por presiones sociales. ¡Penosas razones para iniciar un matrimonio son esas!

viernes, 20 de mayo de 2011

MATRIMONIO POR IMITACIÓN: “ES QUE TODOS LO HACEN”

MATRIMONIO POR IMITACIÓN: “ES QUE TODOS LO HACEN”
• Por imitación. ¿Casarse por imitación? Hay personas que lo han hecho. Nadie las presionó, ni a Dios tampoco consultaron. Simplemente, copiaron lo que hacían otras. Vieron que alguna buena amiga cristiana se casó, y detrás se fueron e hicieron lo mismo. No se preguntaron si tenían vocación matrimonial, si anhelaban criar hijos para Cristo y vivir como ayuda idónea de sus maridos. No se examinaron para ver si era necesario que se casaran por estarse quemando. Sus amigas y amigos se empezaron a casar y no podían quedarse atrás. Simplemente imitaron porque en su círculo social cristiano, se puso de moda una temporada casarse. ¿Es esto usar el sentido común? ¿La inteligencia, que es don de Dios para tomar decisiones tan importantes?
Pero a veces no es por copiar a otros. Existen muchos matrimonios cristianos ejemplares que son motivo de inspiración para quienes les rodean. Ya sea un matrimonio experimentado, o reciente, se puede observar la armonía en la pareja, la crianza piadosa de los hijos, y también que sirven con dedicación juntos, esposa y esposo, a Dios. La bendición de Dios está en sus vidas y el matrimonio es evidentemente una fuente de gozo para ambos.
¿No es natural que las cristianas solteras que contemplan el feliz desarrollo de tales matrimonios, lleguen a desear casarse para poder vivir así? Ciertamente es natural para los cristianos gozarse con los que se gozan y dar gracias a Dios por esas parejas ejemplares. Pero eso no significa que tú tengas que salir corriendo a casarte. Fue la voluntad de Dios para ellos, amén. ¿Pero es la voluntad de Dios para ti? Para que esas parejas funcionen adecuadamente, hay cosas que a simple vista no se pueden ver. No fue que sólo por casarse “todo se dio” automáticamente.
Seguramente la mujer supo escoger a un candidato adecuado, y se conocía bien a sí misma. Lo mismo él. Y siempre que veas un matrimonio cristiano bendecido y feliz, debes saber que cada uno de ellos, antes de casarse, ya era un cristiano feliz que servía a Jesús.
Esto excluye, por supuesto, a aquellos matrimonios, hoy cristianos, que antes no conocían a Jesús. Existen muchos casos hermosos de matrimonios inconversos en que ambos cónyuges se entregaron de corazón a Jesús. Cuando eso pasa, todo cambia, y se nota la bendición. Pero atención otra vez. ¡No se casaron para ser felices! Ya estaban casados en el mundo, y al llegar a Cristo no tenían ninguna opción mas que quedarse casados. (1ª Corintios 7:13 y 24).
En esos casos, aun si un solo miembro de la pareja se convierte, deben quedarse juntos si el incrédulo(a) consiente en continuar el matrimonio (1ª Corintios 7:13).
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Pueden pasar años antes de que el que falta de convertirse lo haga. En ocasiones, lamentablemente, esto nunca sucede. Esos son llamados matrimonios mixtos y no todos son felices ni son iguales a los matrimonios cristianos que bendicen sólo de verlos.
Cuando veas un matrimonio cristiano lleno de vida y piedad, no pienses que cuando tú te cases, automáticamente vas a tener uno idéntico.
Si te casas sólo porque quieres lo que otros tienen, tu motivación es equivocada y egoísta de inicio. Si no tienes el don de continencia, esos matrimonios están para servirte de ejemplo e inspiración. Pero no te apresures a casarte con cualquier persona, escoge bien. Y que tu motivación sea, no obtener la felicidad ajena, sino servir mejor a Cristo estando casada porque tienes certeza de que esa es Su voluntad.

jueves, 19 de mayo de 2011

Matrimonio por Romanticismo Idealista


            MATRIMONIO POR ROMANTICISMO IDEALISTA
• El mito del matrimonio como el camino mágico a la felicidad en la vida. Esta idea está basada en un sentimentalismo de tele-comedia o de novelita de romance barata. La historia es siempre la misma: dos personas se conocen y “se gustan”, pronto se sienten en las nubes cuando se ven o platican, y a ese sentimiento le llaman “amor”. Acto seguido se casaron y vivieron muy felices para siempre. ¿Suena familiar? Esta fábula es una de las principales causas de divorcio y matrimonios prematuros e infelices en la sociedad contemporánea.
El mito se repite miles de veces, año tras año para millones de personas en todo el mundo en libros, películas, historias, y anécdotas orales. El cuento del príncipe azul, la Cenicienta, el eslogan de que el matrimonio trae la felicidad y es el inevitable destino de toda mujer, la noción de que “el amor a primera vista” soluciona todos los problemas, son ideas y estereotipos propagados en cada exitosa comedia de televisión, en cada película de Hollywood, en cada novela de romance, en cada historieta del “Libro Vaquero”.

En los anuncios, en la publicidad, en la música de casi todo tipo, en programas de radio —por dondequiera se propaga el mito cultural de que el romance es igual al verdadero amor— y que, por ende, asegura el éxito del matrimonio que se basa en ese sentimiento.

En realidad, el romance es sólo un sentimiento inestable basado en la idealización que se hacen dos personas que frecuentemente se conocen solo superficialmente. Ese estado emotivo tiene un componente fisiológico y otro sentimental, relativamente involuntario. Si se deja crecer, puede tomar el dominio de la mente y de las emociones, llevando a decisiones precipitadas. El escritor José Martí detectaba desde el siglo XIX la confusión que creaba entre las mujeres latinoamericanas no distinguir entre el sentimiento romántico y el genuino amor. En una dulce y lucida carta a su hermana soltera, comentaba con agudeza lo siguiente:
Hay en nuestra tierra una desastrosa costumbre de confundir la simpatía amorosa con el cariño decisivo e incambiable que lleva a un matrimonio que no se rompe…
Luego de contrastar el sentimiento fugaz con el afecto profundo como base del matrimonio, describía la ilusión falsa que fomenta el idealismo romántico:
No creas, mi hermosa Amelia, en que los cariños que se pintan en las novelas vulgares… por escritores que escriben novelas —porque no son capaces de escribir cosas más altas— copian realmente la vida, ni son ley de ella.
En otras palabras, el poeta explicaba a la joven que las novelas románticas —tan de moda en aquella época como ahora— no reflejan la realidad de las relaciones de pareja en la vida, sino tan solo las fantasías de sus incultos autores.
Y luego describe en un largo y contundente párrafo en donde exhibe el engaño:
Una mujer joven, que ve escrito que el amor de todas las heroínas de sus libros, o el de sus amigas que los han leído como ella, empieza a modo de relámpago, con un poder devastador y eléctrico, supone, cuando siente la primera dulce simpatía amorosa, que le tocó su vez en el juego humano, y que su afecto ha de tener las mismas formas, rapidez e intensidad de esos afectillos de librejos, escritos –créemelo
1 José Martí, “Cartas a jóvenes” (La Habana: Centros de Estudios Martianos, 2002, pp. 20-23).
Amelia– por gentes incapaces de poner remedio a las tremendas amarguras que origina su modo convencional e irreflexivo de describir pasiones que no existen, o existen de una manera diferente de aquella con que las describen.

Martí no era profeta, ni necesitaba serlo. Era un experto observador de la naturaleza humana, muy en particular de la cultura latinoamericana y sus sutiles trampas. Previniendo contra la oleada de sentimientos que despiertan los “amores a primera vista”, comenta sobre la importancia de la dignidad y valía propia de la mujer, y la importancia de discernir con cuidado si el pretendiente tiene el derecho a que ella se una y consagre a él para siempre.

Una mujer de…inteligencia justa debe distinguir entre el placer íntimo y vivo, que semeja el amor sin serlo, sentido al ver a un hombre que es en apariencia digno de ser estimado, –y ese otro amor definitivo y grandioso, que, como es el apegamiento inefable de un espíritu a otro, no puede nacer sino de la seguridad de que el espíritu al que el nuestro se une tiene derecho, por su fidelidad, por su hermosura, por su delicadeza, a esta consagración tierna y valerosa que ha de durar toda la vida.

El texto del escritor cubano, distinguía entre las apariencias externas que generan sentimientos de afecto románticos, y entre las virtudes de carácter que deben ser la base del amor para un matrimonio. Distingue entre las falsas expectativas que provocan las novelas (“afectillos de librejos”, los llamaba) con la relación de pareja en la vida real. En unas cuantas líneas desenmascara la fantasía, previene a la joven, y fustiga a los propagadores de fabulas que provocan por lucro desilusiones por falsear la realidad describiendo “pasiones que no existen”. ¿Estaba Martí contra el matrimonio? Jamás lo estuvo. Tan sólo describía los errores en que podía caer su joven e inexperta hermana, quien era cortejada por distintos pretendientes. La influencia del idealismo romántico podía llevarla a tomar una decisión apresurada en tan delicado asunto. Lo último que el poeta deseaba era ver a su hermana desdichada y amargada, por eso la invitaba a ser cuidadosa y a entender su propia valía como mujer y persona. La pregunta no era si se podía casar, sino si aquellos que la pretendían eran dignos de ella. Para eso necesitaba dominar sus emociones y tomar el tiempo para conocer el carácter de su pretendiente, no irse por las apariencias. Hoy en día, muchas mujeres se casan con cualquiera que les propone matrimonio sin el mas mínimo estudio de la persona con quien se unirán de por vida. Sin saber si su futuro marido es digno de ellas por su carácter, compromiso y afecto. No se valoran a sí mismas como personas y mujeres ¡menos como cristianas!.

El romance vende. Promocionarlo es negocio porque apela al idealismo y al culto a los sentimientos de la sociedad occidental. Explota también legítimas aspiraciones humanas. La Biblia, en cambio, es realista y presenta al amor ágape y a la razón como la base del matrimonio sólido. Jamás dice que es la solución a los problemas de la vida. Más realista aun, 1ª de Corintios 7:28 advierte que los cristianos solteros cuando se casen, tendrán aflicción. “...Y yo os la quisiera evitar”, remarca el apóstol.

Pablo es un maestro del realismo y combate los mitos culturales que desde su época se propagaban idealizando el matrimonio y dando culto a un sentimiento.

Desde las imágenes de Cupido y sus flechas mitológicas, hasta Romeo y Julieta en Shakespeare. Desde el cuento de Blancanieves y el príncipe azul que la despierta con un beso para ser felices para siempre. Desde la Iliada y la historia de Elena de Troya; en las raíces mismas de la cultura Occidental está impreso el idealismo romántico que hoy se comercializa y propaga a través de libros, películas y canciones como nunca antes. No es de extrañarse que con una influencia cultural de tantos siglos y que bombardea a las personas desde chicas, muchas cristianas solteras tengan grabada en su mente la idea de que la felicidad está en llegar a encontrar al hombre de sus sueños para iniciar un romance; que el matrimonio es inevitablemente su destino, y que sin esa relación, nunca estarán satisfechas o plenas. El Nuevo Testamento dice lo contrario: que en Cristo estamos completos (Colosenses 2:10). Y que el que beba del agua que Él nos da, no tendrá sed jamás (Juan 4:14).

No es de extrañar que muchos cristianos hayan idealizado el matrimonio como un estado de dicha perfecta, sin atender a que el apóstol Pablo es realista y advierte que quien se casa tendrá, sí, privilegios y bendiciones particulares, pero también compromisos que cargar sobre sus hombros y aflicciones inevitables. Wesley resumió magistralmente así algunas de ellas en su exégesis de 1ª de Corintios 7.

“Gozas la bendición de ser libre de la aflicción de la carne que, en mayor o menor grado, siempre acompaña al estado del matrimonio. Existe infinidad de problemas domésticos que, tarde o temprano, toda familia debe enfrentar. Te librarás de innumerables situaciones de dolor y angustia en las que todo jefe de familia se ve envuelto.....”

“Por sobre todas las cosas, estarás a salvo de la mayor de todas las dificultades: amar a una criatura por encima de todas las demás. Es posible hacerlo sin caer en pecado, sin menoscabar nuestro amor hacia Dios, pero ¡cuán terriblemente difícil es entregar a Dios todo nuestro corazón cuando hay alguien que tiene una parte tan grande de él! Resulta mucho más fácil cuando nuestro afecto y nuestro cariño están repartidos equitativamente, o al menos sin grandes diferencias, entre muchas personas. Juan Wesley, “Reflexiones acerca del celibato.” pp. 296-298. En Obras de Wesley. Justo L. Gonzáles, Editor. 

Se requiere sabiduría angélica para brindar todo el afecto necesario, pero sin excedernos, a alguien con quien tenemos una relación tan estrecha.” Después de describir algunas de esas ‘aflicciones de la carne’ que las personas casadas suelen tener, Juan Wesley explica algunas de las ventajas de permanecer sin casarse. Luego, amplia para sus lectores el significado de “ocuparse de las cosas del mundo” que puede conllevar el matrimonio. Son palabras profundas que no pueden tomarse a la ligera.

“Siendo soltero dispones de tiempo para capacitarte y crecer como persona en todo sentido, para rendir a Dios culto público y privado, y para hacer el bien a tu prójimo cada vez que sea necesario. Los casados, en cambio, necesariamente deben ocuparse de las cosas del mundo. Tú puedes entregar todo tu tiempo a Dios, sin restricciones, y no necesitas autorización de nadie, excepto tú mismo, para hacerlo. Puedes dedicar cada hora de tu vida a aquello que consideras el camino más excelente. Pero si fueras casado, tendrías que obtener el consentimiento de tu pareja, de otro modo ¡cuántas quejas o discusiones provocarías! ¡Qué difícil es saber (y mucho más, actuar acorde con ese saber) hasta dónde debes ceder, para mantener la paz, y dónde debes marcar el límite! Se requiere mucha sabiduría para decidir hasta qué punto puedes renunciar a lo más excelente, especialmente con respecto a las conversaciones que no son buenas para la necesaria edificación, a fin de complacer a tu bien, o mal, intencionada pareja, sin que esto implique desagradar a Dios.”

No es extraño que debido a la gran influencia cultural del mundo sobre las mentes, muchas personas hoy en día, antes de casarse, idealizan a su pareja o el estado matrimonial, y por ello no examinan con cuidado que implica casarse ni el carácter de la persona con quien van a pasar el resto de su vida, servir a Dios, y procrear hijos. El romanticismo les impide valorar, tal vez, ese problema evidente de carácter, o pasar por alto una conducta que puede ser un aviso a tiempo de que el candidato(a) para casarse, quizás no es adecuado y es necesario esperar a que la persona madure y crezca espiritualmente. O buscar otro.

El idealismo también provoca problemas en el sentido inverso. Las personas pueden desilusionarse de su pareja al poco tiempo de casados, una vez que se topan con la realidad de que se casaron con un ser humano, no con la idealización que se habían hecho en su imaginación. Esto es terriblemente injusto para las jóvenes parejas que se casan, y genera malentendidos, decepciones y confusión.

En el caso de algunas mujeres que saben que la voluntad de Dios es que se casen, el idealismo tiene un efecto contraproducente. Les impide aceptar a pretendiente alguno. Están siempre esperando a un príncipe azul espiritual, una mezcla de Hudson Taylor con el galán de sus sueños que nunca se materializa, y dejan pasar legítimas oportunidades de casarse por no ser realistas.

Discípulas: la Escritura nos invita a no conformarnos a este mundo, sino a renovar nuestro entendimiento para corroborar cual es la perfecta voluntad de Dios (Romanos 12: 2). El romanticismo y el idealismo matrimonial han producido más desilusiones, más parejas infelices, más matrimonios que nunca debieron contraerse, más divorcios, y más miseria ¡que muchos de los matrimonios que se arreglan entre familias en algunos países paganos! La Biblia no aprueba ninguna de las dos prácticas, sino el matrimonio razonable, con sentido común, basado en el amor a Dios y buscando lo mejor para el reino de Dios y la pareja. 


Aprueba el matrimonio responsable, cuando se sabe por la Escritura y el conocimiento de una misma, que la voluntad de Dios es que lo sirvamos casadas.

¡Cuánta gente hoy anhela fervientemente casarse por estar bajo la influencia de una ideología mundana! No tienen vocación matrimonial, no se están quemando según la definición bíblica, pero tienen fija la idea de que su felicidad está en tener un romance y casarse. ¡El mito del príncipe azul!

¿Está esa gente haciendo la voluntad de Dios? No. Están siguiendo un deseo que les sembró en la cabeza el mundo.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Grado de Especialista en Bodas

Jennifer López actuó en una película titulada Especialista en bodas. Si uno quiere ahorrarse las molestias por los detalles del banquete, basta con pagar a un especialista para que se ocupe de todo. En nuestra sociedad se han creado expertos para cada situación, pero me alegra saber que Dios no elige profesionales. 

Al leer las reseñas sobre mujeres de fe, quizá nos quedamos con la impresión de que todas estas mujeres eran profesionistas o profesionales en su fe. No nos imaginamos a nosotras mismas cambiando el sistema penitenciario de nuestros países, ni rescatando niños de la prostitución. Pero Dios nos da puertas abiertas. La diferencia radica en si nos atrevemos a entrar o nos quedamos afuera. 

Una mirada al capítulo 11 de Hebreos nos muestra que Dios no mide nuestros aciertos, sino nuestra fe. ¡Allí aparece Jacob! Sí, el traicionero, mentiroso y aprovechado Jacob. También leemos de Moisés, un asesino tartamudo. ¿Y qué de Sara? ¡Se rió de la promesa divina! Y aún con todos sus defectos, Dios comenta que, por su fe, el mundo no fue digno de ellos. 

Muchos héroes y heroínas se han perdido y se perderán entre las páginas de la historia, pero Dios no olvida. Por ejemplo, quizá Julia Harris jamás escriba un libro que venda más de mil copias, ni predique frente a una multitud de personas, ni altere para siempre la historia de su país, ni salga de la ciudad en que ha vivido por más de treinta años, pero su fe es digna de imitar. 

Julia nació en Orizaba, México, en 1952. Hija de padres misioneros, creció escuchando desde temprana edad la Palabra de Dios, y una vez que comprendió su pecado, aceptó a Cristo como Salvador. Su padre, Ronaldo Harris y su madre Dorita Howard sirvieron unos años en Orizaba, luego se mudaron a Tehuacán. 

Tuvieron cinco hijos, de los cuales Julia, o Julita como le decían de cariño, fue la mayor. Desde pequeña sintió gran carga por sus convicciones. Su madre escribió: "Julita, de cuatro años, tenía muchas preguntas porque los niños del kinder se burlaban de ella por ser evangélica. Como la mayor, siempre tuvo más problemas." 

Los niños Harris crecieron en un nido de amor y protección, donde no existía la tele, sino libros, paseos, conversaciones y disciplina. A los quince años se mudó a la ciudad de México para estudiar. En sus memorias, su madre Dorita comenta: "Julita escogió la carrera de medicina. Quise disuadirla para que estudiara algo más sencillo pero estaba decidida. En mi opinión, un médico debe tener por lo menos tres cualidades, debe ser tierno de corazón, inteligente y disciplinado. Julita tiene estas tres cualidades. Cuando era pequeña y oía chillar a los cerdos que eran llevados al rastro, ella lloraba. Cuando oyó una ambulancia por primera vez, también lloró porque decía que el coche estaba llorando. Siempre estuvo interesada por la gente. Me acuerdo que en la primaria pasaba horas hablando con sus compañeras, y cuando le preguntaba de qué platicaban, me decía que las estaba ayudando con sus problemas." 

En la ciudad de México, conoció a Manuel Ochoa, con quien se casó a los veintiún años. Terminó la carrera de medicina, pero no ejerció en un hospital sino dando consultas gratuitas a sus familiares y hermanos de la iglesia. 

Al nacer sus tres hijas, se dedicó al hogar y a la iglesia. Pero sus conocimientos médicos sirvieron para atender a su suegra cuando sufrió un derrame cerebral y más tarde para acompañar a su padre Ronaldo en su lucha contra el cáncer. La muerte de su padre resultó un golpe fuerte, ya que perdió a su mejor amigo. Seis años después perdió a su madre. 

Julia ha dedicado su vida a su familia y a sus hermanos en la iglesia. Escribe pequeños estudios para comentar en grupos sobre libros o personajes bíblicos, enseña a las mujeres y a los niños, y toca el piano y el órgano. 

El legado de Julia quizá no se mida en copias vendidas o en personas rescatadas, más bien asemeja lo que muchos lograremos en nuestro pequeño mundo donde hemos sido colocadas. Julia es mi madre y la escogí porque, a diferencia de las demás biografías, he vivido en carne propia su fe y su entrega a Dios. Y de eso se trata la vida cristiana, de tocar a alguien, sean únicamente los hijos, o servir en un solo lugar como la iglesia local, o enseñar en la sencillez de una clase infantil de cinco o seis alumnos. 

Dios tiene grandes planes para nosotras, pero la grandeza de sus designios se mide en proporciones distintas a las terrenales. En nuestra sociedad se premia al escritor que ha vendido más libros, o al predicador que ha sido escuchado por más personas, o al ejecutivo que gana más dinero, o al actor que hace más películas. Pero en el libro de Dios, vemos a un niño que entregó cinco panes y dos peces, y a una mujer que derramó su perfume en los pies de Cristo, y para Dios, fue suficiente. 

Dios tiene un plan. Él es quien se encarga de preparar a la novia para aquel día futuro. No perdamos de vista que Dios nos puede y quiere usar en el lugar en que nos encontramos ahora, en la situación presente, ya sea como solteras, casadas o viudas, o como maestras, secretarias o enfermeras, o como madres, abuelitas, tías o hermanas. En las cosas pequeñas Él se complace; después de todo, él es el especialista en bodas. 

martes, 17 de mayo de 2011

El Mejor Regalo

Cuál es el objetivo de dar regalos en una boda? A través de los obsequios se demuestra el afecto a la pareja. ¿Y cuál es el mejor regalo que una persona puede recibir? Eugenia Price lo vivió en carne propia. 

Nació el 22 de junio de 1916 en Charleston, Virginia. Su padre era un dentista acomodado que siempre proveyó para su familia. Como todas las niñas buenas de su época, Eugenia asistió a la iglesia, pero una vez en la universidad se proclamó agnóstica. Ambicionaba escribir, pero finalmente decidió seguir los pasos de su padre y dedicarse a la odontología. Atendió la universidad de Ohio por tres años, luego fue la única mujer admitida en la Escuela Dental Northwestern en 1935. 

Tres años después, hastiada de sus estudios, cambió de giro. Le ofrecieron trabajar para una serie de radio de la NBC, "Al Cuidado de Aggie Horn". Ella aceptó y escribió para el show hasta 1942. Dejó la NBC para trabajar en Proctor y Gamble en otro proyecto radial, y luego fundó su propia compañía de radio y televisión, volviéndose una celebridad de la noche a la mañana. 

Vivía en un lujoso departamento en Chicago, vestía las mejores ropas, viajaba en limusina, pero su descontento aumentaba con los años y escribió: "La vida es terriblemente pesada cuando has pasado toda tu vida convenciéndote a ti misma y a cuantos te rodean que eres un éxito, y luego tienes que serlo, o conseguir una manera de escapar de todo." 

A los treinta y tres años, viajó a Charleston de vacaciones donde se encontró con una conocida de la infancia llamada Ellen Riley. Las dos se volvieron grandes amigas, a pesar de ser opuestas. Ellen no bebía, Eugenia sí. Ellen no fumaba, Eugenia se acababa tres cajetillas al día. Ellen era amable, Eugenia era una persona difícil. 

Hablaron mucho de Dios durante ese tiempo. Eugenia, una agnóstica y atea por diez años, se defendió con uñas y dientes, pero finalmente, el 2 de octubre de 1949, en un hotel de Nueva York, entregó su vida a Cristo. Ellen, su amiga, le había dado el mejor regalo que una persona puede ofrecerle a otra: la oportunidad de escuchar el Evangelio. 

A partir de entonces, Eugenia abandonó su trabajo de radio y se negó a escribir historias de asesinatos. Tristemente, se había quedado con algo de su pasado: sus deudas. Ellen se mudó con Eugenia y ambas consiguieron empleos menos glamorosos, pero que con el tiempo ayudaron a saldar sus cuentas. 

Un año después, se dio la oportunidad de que Eugenia continuara en radio con un programa sobre historias verdaderas, luego empezó a escribir para una editorial cristiana, convirtiéndose en la autora de cerca de treinta y cinco libros, con más de quince millones de copias vendidas. 

Sin embargo, cinco años después de su conversión, después de escribir su autobiografía, tuvo una prueba de fe. Confesó que se avergonzaba de sí misma. ¿Quién era ella para escribir sobre cosas espirituales? 

Otra amiga, Anna Mow, le dijo: "Por supuesto que todo lo que has escrito es verdad. No testificabas de Eugenia Price. Mientras te parabas sobre todas esas plataformas para hablar, testificabas de Cristo. ¡Y nada lo cambia a él!" 

Eugenia meditó en sus palabras toda la noche. Usó todas las técnicas que recordaba para hallar paz, pero nada sucedió. Cierta mañana, su amiga Ellen le pidió que la despertara a las nueve. Faltaban cinco minutos, así que Eugenia ocupó el tiempo para pensar en su patética vida cristiana. Y a través de la guía del Espíritu Santo, fue de cita en cita bíblica. Al terminar de leer, recordó que debía despertar a Ellen. Seguramente se le había hecho tarde, pero sorpresivamente, ¡eran las nueve en punto! Había leído todos esos textos en cinco minutos de tiempo terrenal, pero ¡qué diferencia en el espiritual! 

Descubrió que en Cristo estaba todo lo que necesitaba para cualquier cosa en la vida. Como resultado, Eugenia descansó en Jesús, en su paz y sus promesas, y continuó escribiendo y sirviéndole hasta el día de su muerte en 1996. Algunos de sus libros más queridos se encuentran en el terreno de la ficción. Sus romances del Sur de los Estados Unidos durante la Guerra Civil siguen la saga de una familia en la isla de San Simons en Georgia, trilogía que obtuvo una gran audiencia fuera de círculos cristianos. 

Eugenia disfrutó de la exquisita amistad de Ellen y Anna. Una le presentó el Evangelio, la otra le dio una palabra de exhortación en el momento adecuado. Nosotras podemos hacer lo mismo, pues no es lo que decimos lo que produce el milagro, sino lo que la Biblia predica. Ellen no habló de sí misma, sino del Salvador. Anna no habló de sí misma, sino de su Señor. Nuestra meta debe ser conocer las Escrituras con tal exactitud que podamos tener la palabra correcta en diversas situaciones. 

El mejor regalo es Cristo. Eugenia resumió su vida así: "Soy una creyente en Cristo Jesús." No dijo: "Soy hija de un renombrado dentista", o "Soy una exitosa escritora", o "Tengo un programa de radio." También explicó su propósito al escribir: "Ya que me aburriría escribir un libro que no incluyera a Cristo, prefiero mostrar su intervención divina y cómo se involucra en la vida de las personas." 

Demos el mejor regalo a los demás: la oportunidad de conocer a Cristo por medio de nuestras propias vidas.

lunes, 16 de mayo de 2011

La Respuesta de Dios a una vida vacia


Excelente!!!! Gracias Dios por tu profundo amor y calmas mi sed con tu agua!!!!!!!!!!!!!

La Respuesta de Dios a una vida vacia. Por Charles Stanley

Algo Azul

Algunos dicen que los colores revelan la personalidad. En el contexto bíblico, el blanco refleja pureza y el azul, según los teólogos, habla de divinidad. Gladys Aylward, aunque no una mujer perfecta, representó lo que una mujer entregada a Dios puede lograr en un mundo de violencia y peligro. 

En sus años de adolescencia, Gladys leyó un artículo sobre China en una revista. Dicha experiencia cambió su vida. Desde ese instante, algo ardía en su pecho diciéndole que debía ir a China para predicar el Evangelio, así que se inscribió en una escuela que preparaba misioneros. 
Tres meses después le dieron la noticia: no aplicaba para ser misionera. En primer lugar, había reprobado la asignatura de Sagradas Escrituras. Segundo, tenía veintisiete años, así que era demasiado grande para enfrentar los retos, además no confiaban en que aprendería un idioma tan complicado como el chino, y Gladys, la hija de un cartero y un ama de casa, regresó a su empleo como sirvienta. 

Pero no se dio por vencida. Se había convencido de que Dios la quería en China, así que empezó a ahorrar para su pasaje. A los treinta años, un 15 de octubre de 1932, Gladys abordó el tren que la llevaría a través de Europa y Rusia hasta la China. No era el camino más fácil, pero sí el más barato. Pasó por zonas de guerra en la tundra siberiana y Dios la protegió de ser violada por soldados y maltratada por los rebeldes. 

Finalmente, con la ayuda de un hombre anciano y una joven, Gladys escapó a un navío japonés y llegó a Yangchen, China. De inmediato, empezó a trabajar con una misionera, ya jubilada, en una ruta para muleteros, donde Gladys logró una de sus primeras hazañas. 

Durante siglos, los chinos habían vendado los pies de las niñas para que no crecieran, considerándolo un acto de belleza. Cuando Gladys arribó a China, las autoridades habían empezado a prohibir dicha práctica, así que uno de los magistrados locales nombró a Gladys "inspectora de pies". Ella utilizó la oportunidad para liberar a muchas niñas de tan terrible suplicio y aprovechó sus incontables viajes para predicar el Evangelio. Asimismo, Dios proveyó para sus necesidades económicas. 

Como milagro adicional, Gladys aprendió el chino. Esto le sirvió para comunicarse con sus vecinos y sobrevivir en aquellos parajes rurales. En sus travesías, se topó con niños indeseados o abandonados que empezó a recoger. Pronto tendría a veinte pequeños bajo su techo, además de cerca de treinta soldados heridos a los que atendía. 

Al adoptar a sus primeros dos niños, Gladys sintió que debía nacionalizarse para que nadie la separara de los niños. Así que en 1936, Gladys Aylward se convirtió en la primera súbdita extranjera que adoptara la ciudadanía china. 

Cuando la guerra entre Japón y China se complicó, el número de huérfanos aumentó a cien y Gladys supo que debía partir. Un versículo bíblico le habló en esos días: "Huye a las montañas". Gladys quería llevar a sus niños a la provincia de Sian donde Madame Chiang les había prometido protección. La misionera guió a sus cien niños sobre las montañas, viajando a pie por más de cien millas. 
Después de veintisiete días de caminatas exhaustivas y frías noches, pisaron Sian. Una vez allí, Gladys se colapsó. Los doctores se preguntaron cómo había sobrevivido semejante travesía una mujer que sufría de tifo, neumonía, fiebre, malnutrición y cansancio. Gladys se recuperó y continuó la misión que había iniciado. Siguió compartiendo el Evangelio en los pueblos, las prisiones y entre los leprosos. Su ministerio siempre se caracterizó por una humilde dependencia a Dios en medio de circunstancias extremas. 

En 1947, regresó a Inglaterra ya que tenía una carga espiritual por su país. Escribió: "Inglaterra, aparentemente más próspera a comparación de los países que han pasado terrible sufrimiento en manos del dominio comunista, ha olvidado lo que es más importante — el darse cuenta que Dios importa en la vida de una nación tanto como en la vida de un individuo." 

Estuvo diez años en Inglaterra antes de regresar a Asia. Quizá una de sus más grandes sorpresas fue el convertirse en una persona famosa. La revista Timepublicó un artículo sobre ella, seguido por una serie radiofónica de la BBC y una película de Hollywood protagonizada por Ingrid Bergman. 

Cuando intentó volver a China, el régimen comunista le negó la entrada, por lo que se estableció en centros de refugiados en Hong Kong y Tapei. Gladys nunca dejó de trabajar. El día de Año Nuevo de 1970, a los sesenta y siete años de edad, murió. Se celebraron servicios religiosos por todo el mundo, y más de un millar de personas acudió a su funeral en Taipei. El cuerpo de Gladys quedó enterrado en la cima de una colina, donde su tumba mira a la China continental, el lugar donde sirvió por más de cuarenta años. 

Gladys es un ejemplo de valor. Pero me parece que la clave de su éxito no procedió de su propio corazón, sino de Dios mismo, pues ella adoptó el lema de aquella misionera que la había recibido en sus inicios: "Si he de morir, no tema yo a la muerte, mas tenga ésta sentido, oh Dios, cuando llegue mi hora."

domingo, 15 de mayo de 2011

Algo Prestado

Puede ser un arete o un prendedor. ¿Para qué sirve llevar algo prestado? Realmente nadie lo sabe. Esta tradición proviene de la cultura anglosajona y resulta un misterio. Sin embargo, en cierto modo, todo lo que la novia porta el día de su boda es un préstamo. 

Catherine Marshall desde muy temprana edad entendió estas palabras. A los quince años soñaba con dos cosas: estudiar en el Colegio Agnes Scott y prepararse para el que sería su esposo. Cuando se dio cuenta que el dinero no alcanzaba para pagarse la universidad, su madre le dijo: "Cada problema tiene solución. Pidámosle a Dios que haga este sueño realidad." 

Catherine supo que la única manera de obtener lo que deseaba, era renunciando a ello. El poner sus ilusiones en manos del Señor le trajo paz, alegría y ¡un sí! Pues Catherine finalmente atendió la escuela de su elección donde conoció a Peter Marshall. 

Nuevamente se enfrentó con un dilema. El joven pastor se hallaba saturado de compromisos, así que su noviazgo se veía interrumpido por salidas y conferencias. Catherine optó por el camino correcto y le entregó a Dios el amor que sentía por Peter. Durante tres años sufrió por amar a ese hombre, con quien finalmente se casó el 4 de noviembre de 1936. 

No nos extraña que años después Catherine escribiera un libro sobre la oración, y en su capítulo sobre los sueños, dijera: "No cabe duda que es la voluntad del Creador que los deseos y talentos que él mismo ha sembrado en cada uno de nosotros se realicen." 

Catherine había cumplido sus dos sueños juveniles. A los veintitrés años, Catherine y Peter se mudaron a Washington D.C. donde Peter presidiría la congregación presbiteriana de la Avenida Nueva York. En 1940, nació su único hijo, Peter Jon, y en la cúspide de la carrera de Peter, Catherine enfermó de tuberculosis. El único tratamiento en aquella época se resumía en reposo absoluto. Los doctores pronosticaron cuatro meses, pero a los dos años, Catherine continuaba enferma. 

La frustración de tener un esposo ocupado, un hijo en crecimiento y un cuerpo inválido la forzó a buscar a Dios y aprender más sobre la oración. Leyó un folleto sobre una misionera enferma quien había orado: "Muy bien, Dios. Me doy por vencida. Si tú quieres que sea una inválida, es asunto tuyo. De todos modos, yo te amo a ti más de lo que amo mi salud." A las dos semanas la mujer se hallaba restablecida. Catherine comprendió que en su vida faltaba aceptación y paciencia. 

La aceptación la distinguió de la resignación. La primera abre la puerta de la esperanza, la segunda la cierra. Pero aún más, debía acompañarla de paciente espera, pues en este oscuro período donde cesa todo esfuerzo propio, ocurre un asombroso crecimiento espiritual. "¿No es cierto que la espera exige paciencia, persistencia, confianza, expectativa, todas estas cualidades que de continuo le rogamos a Dios que nos conceda?" 

Catherine Marshall sabía que la salud era un don de Dios, un préstamo que el Dador podía tomar según su voluntad. Tiempo después de que recuperase la salud, su esposo, quien era capellán del Senado de los Estados Unidos, sufrió un segundo infarto que le quitó la vida. Catherine era viuda a los treinta y cinco años. 

¿Cómo mantener a un hijo pequeño? Catherine había aprendido que la Biblia contenía las palabras del Dios vivo. Esas palabras incluían un montón de promesas y estipulaciones, ordenanzas que cumplir y promesas que disfrutar. Sabía que Dios no la abandonaría. Ella lo explica así: "Yo creo que la oración de reivindicación es la corona de todas las oraciones porque hace un círculo completo entre la tierra y el cielo, y por lo tanto reúne las condiciones necesarias de poder en toda oración. Acudimos a Dios con un problema, buscando su luz. A través de la Escritura o una voz queda a nuestro corazón él nos habla mostrándonos una promesa que se aplica a nuestra situación particular. El reclamo nuestro a esa promesa, después de cumplir con la exigencia estipulada en caso necesario, completa el círculo." 

Dios continuó bendiciéndola con sueños y talentos, así que Catherine comenzó a escribir para ganar su sustento. Su best seller Un hombre llamado Peter, la biografía de su difunto marido, logró ventas espectaculares. 

En 1959, reconoció su necesidad de formar una familia de nuevo y se casó con Leonard LeSourd. Atender de nuevo a un marido y criar a tres niños de corta edad trajeron sus propias pruebas. Entonces surgió de su corazón la oración de insuficiencia. "Este reconocimiento y confesión de nuestra insuficiencia es asimismo el medio más rápido para alcanzar la actitud correcta que Dios reconoce como esencial para la oración. Asesta un golpe mortal para el pecado más grande de todos: la independencia del hombre que ignora a Dios." 

Entre sus libros más reconocidos de esta época resalta la novela Christy, llevada a la pantalla de televisión en una magnífica serie. A raíz de problemas pulmonares, Catherine Marshall falleció en 1983. Otra de sus novelas fue publicada póstumamente, pero sus escritos dejaron inspiración a miles de lectores. 

Todo en esta vida es prestado. No tenemos asegurada la salud, ni al esposo, ni los hijos, ni el trabajo. Agradezcamos a Dios por sus bendiciones, pero aprendamos que no nacimos para casarnos, ni para criar hijos, ni para ganar premios, ni para ser felices, sino como nos enseña Catherine Marshall: "La comunión con Jesús es el verdadero propósito de la vida y el único cimiento para la eternidad."