La autopista

La autopista se perdía en el horizonte como una línea interminable. Mas allá, las montañas. En la distancia nubes que poblaban un cielo de retazos azules. Y la familia en la mitad del trayecto de aquella autopista interestatal. Siempre la misma rutina. Levantarse, viajar varias horas hacia la ciudad y regresar bien tarde en la noche para repetir el ciclo.
Un día cualquiera, de esos que por ser tan normales no quedan registrados con fecha y hora en nuestra mente, el hombre pensó en la posibilidad de abrir un negocio para vender refrescos.
–Estás loco—le dijo su hermano mayor–:Nadie se detendrá para tomarse algo frío–.
–Pero no hay un establecimiento así a kilómetros de distancia—argumentó, para encontrarse de nuevo con los comentarios derrotistas que buscaban llevarlo a desistir de su proyecto.
Benito Fernández Bosso invirtió sus ahorros en unas sillas, unas mesas, un refrigerador y parte del surtido, y con la lámina más grande que encontró en el patio de su vivienda pintó el aviso en el que anunciaba sus servicios. Pasaron tres días y sólo un automotor se detuvo. Vendieron dos bebidas gaseosas y cuatro pasteles. De nuevo pasaron los días y ya no fue uno sino dos vehículos los que aparcaron y, antes de un mes, eran muchos.
¿Qué llevó a este hombre a avanzar en su propósito? Tres elementos. El primero, la fe de que Dios bendeciría su tienda. El segundo, la perseverancia. Y el tercero, soñar más allá de lo que soñaban los demás. Y lo logró.
¿A qué le teme?
Benito pudo someterse a la visión negativa de quienes le rodeaban, pero miró más allá. Tuvo claro que los soñadores, asidos de la mano del Señor Jesús, llegan lejos. No le preocupó que la avenida sobre el desierto fuera tan extensa que difícilmente atraería la atención de los conductores y pasajeros de vehículos. Sin embargo lo intentó. Era preferible fracasar en el propósito que preguntarse siempre ¿Qué habría pasado si hubiese iniciado mi propio negocio?.
Cuando involucramos a Dios en nuestros planes y proyectos podemos expresar como el salmista “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa. Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado.” (Salmo 16:5, 6).
Nuestra actitud cuenta cuando emprendemos cualquier empresa. Debe primar el optimismo. Pero es esencial que también acompañemos esa confianza con la fe en Dios, Aquél que todo lo puede. Nada será imposible. No habrán límites para llegar a metas insospechadas con ayuda de nuestro Creador. Es hora que revitalice su iniciativa hoy, puede ser un negocio o quizá su propio proyecto de vida, y camine cada jornada sabiendo que asistidos por el Señor logrará sus objetivos.
¿Ha pensado dónde pasará la eternidad? Lo apropiado es que sea con Cristo, nuestro amado Salvador. Por esa razón, recíbalo hoy en su corazón como su único y suficiente Salvador.
 Autor: Pastor.Fernando Alexis Jimenez

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