lunes, 14 de marzo de 2011

Padres Sanos, Hijos en Victoria

Por Bernardo Stamateas

Marcos 5:22-23; 35-43
Antes de sanar a los hijos, Dios tiene que sanar a los padres

-Padres estructurados. 
Este padre era jefe de una sinagoga, un hombre religioso que representa a muchos de nosotros o a nuestros padres: religiosos y rígidos. Los padres rígidos se manejan con imperativos: “debes”. Todo son exigencias y órdenes; no saben felicitar, acariciar, reconocer, ni besar; las suyas son sólo demandas. La vida para ellos es todo o nada, blanco o negro. 
Había un hombre que daba una conferencia sobre: “Diez reglas infalibles para criar bien a los hijos”, hasta que nació su primer hijo. Luego la conferencia se llamó: “Cinco alternativas posibles para criar bien a los hijos.” Hasta que le nació el segundo hijo y se llamó: “Dos posibles alternativas que tal vez te puedan ayudar, si Dios quiere, para criar bien a tus hijos”. Hasta que nació el tercer hijo y dejó de dar conferencias. 

La gente rígida alimenta su estima por lo que logra y no por lo que es; basa toda su vida en el esfuerzo y en cumplir normas y, sólo se sienten con sus logros. Viven de la imagen, cuidan la apariencia y la mirada de los demás es muy importante para ellos. Son aburridos, estructurados, siempre piensan igual, viven de la misma manera y, con el pasar de los años, se observa el cambio en sus cuerpos pero no en su mentalidad. Ponen el foco en el castigo y consideran a un Dios exigente, de juicio y condena. Ven las fallas en los demás con microscopio y las propias con telescopio.
Jairo representa al padre estructurado y atado a las formas.
En esa época se consideraba que a la edad de doce años (la misma que tenía la hija de Jairo) estaban en condiciones de casarse y dejaban de ser niñas para ser mujeres. En ese proceso la hija de Jairo se enfermó, y éste salió corriendo, se tiró a los pies de Jesús y le dijo: “ Ven a mi casa y pon tus manos sobre mi hija, sánala.” Era tan rígido que hasta le dijo a Jesús cómo debía hacer, no dijo: “Ven a mi casa y sana a mi hija como sea” sino impuso su esquema: “Poné las manos sobre ella”. 

Mientras iban en camino, una multitud apretaba a Jesús y una mujer con flujo de sangre (cáncer vaginal) tocó el manto del Señor por detrás. (Según la ley estaba considerada inmunda y jamás podía acercarse a un Rabí porque lo contaminaba, y éste debía encerrarse durante tres días para su purificación.) 
Jesús se detuvo y dijo: ¿ Quién me tocó ?
Los discípulos le dijeron: “Señor, todo el mundo te aprieta y decís ¿quién me tocó?” Jesús respondió: ¡ Alguien me tocó !
Y la mujer tímidamente dijo: “Fui yo.”
¡Se imaginan la cara de Jairo al ver a una mujer inmunda tocando a Jesús!, pero igual Jairo llevó al Señor a su casa.

 1° Enseñanza :
Dios romperá toda rigidez mental.
Según para la ley -y para Jairo-, Jesús estaba contaminado. Dios romperá los ritos, las ideas religiosas que defendiste, porque le interesa la gente de fe, no los ritos. Alguien trajo la noticia de que su hija había muerto, pero Jesús lo miró diciendo: “No temas, cree solamente.” 
Antes de sanar a mis hijos, Dios me sanará a mí. 
Actualmente hay iglesias en donde la concurrencia aumenta el día que se comparte la cena del Señor, es porque aman los ritos. Dios pulverizará los rezos, las oraciones repetitivas, las “vacas sagradas” construidas de ideas, porque quiere hombres de fe. El hombre rígido dice: “Esto es así y punto”, en cambio el de fe declara: “Quiero crecer y aprender”. 
No hables ideas humanas sino lo que Dios te prometió. 
Jesús sembraba una palabra para aumentar la fe de la persona y ésta quedaba sana, por eso no sanará a tu hija hasta no hacerte un padre lleno de fe. 
Dios quiere gente de fe. 
La gente rígida achica la mente, la de fe, la expande. 
Jesús llegó a la casa y tomó a la niña de la mano (en el original dice que le trasmitió fuerza al apretársela) y le dijo: “ Levántate.” Jesús le dio una caricia física y una palabra. Todas las caricias y palabras de reconocimiento que no recibiste el Señor te las dará, entrará en tu lugar íntimo y trasmitirá la fuerza de una caricia que te motivará. La chica comenzó a andar de un lado para el otro.
Cuando Dios te haga libre no pedirás permiso a nadie, tendrás el poder de su fuerza. Al levantarse la niña se transformó en una mujer adulta.
Y Jesús dijo: Que nadie sepa lo que acabamos de hacer. 

2º Enseñanza: 
Estaré libre de la opinión de la gente. 
Jairo vivía de la imagen de los demás.
“Pastor a mí nadie me reconoce, serví mucho tiempo y sufrí mucho”. Es que sos una nena enferma, cuando seas una mujer, serás libre de la opinión de los otros.
Viviste para agradar a todos, esperando que te nombren, pero los próximos milagros serán tan poderosos que vos los celebrarás. Si te reconocen o no, gloria a Dios, porque serás libre de la gente y no te importará. 
- Padres violentos. 
Marcos 9:17-27
Muchos fuimos criados por padres maltratantes que insultaban, lastimaban, castigaban, cacheteaban. La sociedad es agresiva: cada veintitrés minutos hay un asesinato, cada seis una violación, cada treinta segundos un asalto y un robo cada cuatro. En Centroamérica venden unas varas con la inscripción: “Dios te ama”, “Jesús te ama”, y que son usadas para castigar a los hijos, porque alguien lo leyó en la Biblia y lo aplicó literalmente. ¡Legalismo estúpido!
En Latinoamérica existe mucha violencia en mujeres y hombres maltratados. 
La persona maltratada, crece y reproduce el ciclo de violencia sobre otros. 
Hombres maltratantes que fueron golpeados, empujan, tiran, rompen cosas, se muerden los nudillos, se comen las uñas, el pelo, escupen. No saben acariciar ni bendecir porque tienen mucha furia, maltratan a nivel emocional y critican: “Bruto”, “Tonto”, “Te voy a cortar los dedos”, “Te voy a cocer la boca”, se burlan y repiten hasta el cansancio: “Te lo dije, te lo dije.” Nunca expresan amor a sus hijos, los mandan al infierno, les gritan delante de todos, no les hablan por horas o días.
Comprobamos que el de la historia era un padre violento analizando la conducta del hijo que, a través de la herida no sanada se introdujo el demonio. Todas las personas adictas no pudieron hablar con sus padres. Adicción es “A-Dicto”, y quiere decir: “No dicho”, “Sin dicción”, que guardan las palabras que nunca pudieron expresar. 
El padre dijo que el endemoniado tenía los siguientes síntomas:
-“Estaba mudo.” Nunca pudo hablar con su padre, jamás expresó su bronca, ni puso en palabras lo que le quería decir. Le impusieron: “Hay temas que no se hablan, cosas que no se pueden decir.”
-“Escupía espuma”, por toda la furia reprimida.
-“Le rechinaban los dientes”, porque estaba lleno de broncas. En psicología humana los dientes son símbolo de agresividad y cuando se sueña que se caen es porque la persona siente que está perdiendo agresividad.
-“Estaba sordo”, porque estaba cansado de oír la violencia de su padre, entonces se desconectó de la realidad por haber sufrido mucho. Hoy vemos a muchos hombres “distraídos” es que el sufrimiento los hizo desconectarse, fueron castrados por los insultos, son sordos espirituales que no atienden un: “Te quiero”, “Sos valioso”, “Lo vas a lograr.”
-“Lo tiraba al fuego y al agua para matarlo”, en realidad era lo que el chico quería hacer con su padre y por eso se auto agredía.
-“Lo ponía rígido.” La gente rígida, cuando habla apunta con el dedo, por las broncas reprimida en su cuerpo manteniéndolo rígido y haciéndose cada vez más duros. 
Jesús le preguntó: ¿Desde cuándo le pasa?
Y el padre respondió: Desde niño. 
Porque el problema no era el hijo sino el padre. 
Dios nunca sanará a mis hijos hasta no sanarme a mí. 
Parafraseando Jesús le dijo: No le voy a sacar el demonio, si lo vas a seguir humillando, insultando, volverá a endemoniarse. Antes vamos a hablar nosotros. ¿Desde cuándo le pasa?
“Desde niño, si puedes has algo ”.
Y Jesús le dijo: ¡¿Que si puedo?!
El padre no tenía fe, era violento y Jesús le dijo: “ Para el que cree todo es posible .”
“Para el que cree en su hijo, todo es posible.”
Nunca creíste ni en Dios ni en tu hijo, y lo único que hiciste fue basurearlo, castigarlo, lastimarlo. Hoy sabemos que, 

los hombres violentos son desconfiados.

Cuando el padre se dio cuenta le dijo: “Señor quiero empezar a creer, ayuda mi poca fe”. Si se dispone a cambiar, Jesús le dice: “Correte, sacaremos el demonio a tu hijo y al ser sano verá a un padre que ya no lo insulta sino le habla palabras de bendición. Nunca pidas por tu hijo si no tenés fe. 

Para el que cree todo es posible.

La fe se activa confesándola: “ Mis hijos bendecirán a las naciones de la tierra, son herencia de Jehová; no estarán desamparados ni mendigarán pan, dejaré herencia a los hijos de mis hijos.” 
Instruye al niño en su camino y cuando fuere viejo no se apartará de él.
No quiere decir en el camino del Señor sino en el camino del niño. 
Debemos lograr que nuestros hijos descubran sus sueños, su camino y vivan en ellos hasta la vejez. Creé en tus hijos, soltá palabras de fe: “Lo vas a lograr”, “Descubrí tu sueño, síguelo, defiéndelo, peleá por él”, “Dios está con vos.”
Tu papá no te dará la fe sino el Señor, sólo debes tomarla y darla como semilla a la vida de otros hablando fe. 
Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos profetizarán. 
Todo lo puedo en Cristo y mis hijos también. 
Cambiá tu manera de hablar. 
En el Reino todo se consigue y mantiene por fe: Por fe somos salvos, vamos al cielo y por fe Cristo viene sobre nosotros. Todo es fe porque para el que cree todo es posible. 
“Mis hijos harán del Señor su refugio, creciendo en sabiduría, estatura y favor de Dios.” 
Después que Jesús trató con el padre, gritó al demonio en el hijo: ¡Sal de él y no vuelvas más!Ese grito es de victoria de Dios. Antes de sanarte debes oír el grito de victoria de Jesús en la cruz cuando murió y resucitó. Hasta que no oigas: “ Sos más que vencedor”, “Estás prosperado”, “Todo lo podés en Cristo”, no serás libre. 
Jesús se paró frente a la tumba de Lázaro y gritó: ¡Lázaro 
Gritó porque estaba muerto, si hay cosas muertas en tu vida, escucharás el grito de victoria: “Caerán miles más a ti no te tocará”, “ Todo lo que pise la planta de tus pies te lo daré, ” Nada te separará de mi amor”, “ Por cuanto en mí has confiado te libraré del lazo del cazador ”, “ Yo soy tu Pastor y nada te faltará”. 
Y libertad vendrá para siempre. Nadie puede hacer nada sobre tu vida, si el grito de Jesús entra en tu ser serás libre para siempre. Y dice que al salir los demonios, el chico gritó y sacó toda la violencia, el dolor, el maltrato. Gritó y se cayó; Jesús lo escuchó, lo tomó y lo levantó. Cuando nadie podía hacer nada, Jesús dijo: “Tráiganmelo, Yo me encargaré de que su vida sea bendita.” A mí no me gustaba bailar ni adorar, no me gustaba que me obligaran porque yo no era así. Un día el Espíritu Santo me dijo: Está bien que no te guste bailar, pero si no adorás es porque estás atado, y me mostró la herida que ataba mi cuerpo. 
Al renunciar el Señor me mostró cuatro cosas que le entregué y fui libre. 

Adoración no es algo que hay que generar, nace de la sanidad de Dios. 
Estos dos papás fueron bendecidos porque buscaron de Jesús. Dios quebrará toda rigidez y agresividad de tu vida si le buscas. A los dos papás les dio una semilla y les enseñó que cada enseñanza es una semilla para hacer crecer. A los dos hijos no les dio enseñanza sino el milagro. Los papás tenemos semillas para hacer crecer y es hablar fe. 
Para el que cree todo es posible. 
A sus hijos Dios les da milagros, semillas y una experiencia: adoración a Él

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