martes, 7 de junio de 2011

-Las pequeñas zorras II- Cazando la zorra gris: Mis palabras

Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa!
Santiago 3. 5

¿Qué tan grande es lo grande? ¿Qué tan pequeño es lo pequeño? El tamaño es relativo: lo que para una persona no significa mucho, para otra puede ser algo enorme. La zorra es un animal PEQUEÑO que puede destruir GRANDES viñedos. En especial, vamos a referirnos a la zorra gris: un color que ni es negro ni es blanco. Cuando hablamos de algo dudoso o cuestionable decimos que es algo turbio o gris. Así, algunas acciones no son blancas ni negras, sólo grises.
La ZORRA GRIS: nuestras palabrasPor medio de nuestras palabras nos mostramos a nosotros mismos. Las palabras expresan ideas, sentimientos. Las palabras pueden dañar o destruir, así como bendecir (Stgo. 3:5 y 6). ¿Dónde debemos buscar esta zorra?
1- Palabras hirientes: maldiciones, palabras soeces, groserías, críticas. Si las palabras profanas llegan a ser parte de nuestra vida nos será difícil dejar de usarlas. Muchos no refrenan su lengua cuando se enojan.
2- Mentira: palabras engañosas que usamos cuando tratamos de obtener algo que deseamos. La gente las utiliza para obtener lo que desea o para cubrir la culpabilidad. La mentira se da en muchas formas y tamaños; a veces se presenta como un total engaño, otras como una mezcla de verdad y error. En otras ocasiones es una insinuación o deducción (Prov. 12:22 y 19:22).
3- Chisme: es lo que alguien habla en relación a otro; es una enfermedad. Es tan destructivo como el egoísmo, la avaricia y la lujuria. El chismoso puede herir y destruir a otros. Una buena idea sería no decir nada que no estuviéramos dispuestos a firmar para validarlo.

¿Quién puede ser una zorra gris?
a) La persona a quien le gusta ser el centro de atención
b) La persona que es culpable de lo que acusa a la otra

¿Cómo podemos deshacernos de la zorra gris?• Rindiendo nuestra vida al señorío de Jesucristo
• Nuestras palabras no pueden ser mejores que nuestro espíritu; “… porque de la abundancia del corazón habla la boca”, (Luc. 6:45)

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