Una nueva historia
Por Diana Carolina Mendoza Corrales ¿Qué tan grande era la sala de mi infancia, si en ella cabían mis juegos, mis risas y llantos, mis silencios y soledades, mis primeras lecturas y pensamientos… y ahora, en la adultez, también las respuestas que me ofrece la Biblia? Las paredes parecen las mismas, pero dentro de ellas se han acumulado una multitud de memorias: el eco de las voces familiares, la sombra de las tardes solitarias, el murmullo de páginas leídas a escondidas. El café en la mesita se enfrió y yo lo miré sin remordimientos, preferí perder el sorbo a perder el momento. Sentada en la mecedora en ese mismo espacio, que ahora se iluminaba y coloreaba con el dibujo a crayolas de una de mis sobrinas a mi lado; el sueño en mi regazo de una bebe y la biblia en mis piernas. En unas horas sale mi vuelo a la ciudad de mi adultez a la que llevo conmigo la calma del mar y la ciudad donde crecí, y estos minutos son el puente entre este instante y lo que vendrá. Abrí la Biblia torpe...