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Una nueva historia

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Por Diana Carolina Mendoza Corrales  ¿Qué tan grande era la sala de mi infancia, si en ella cabían mis juegos, mis risas y llantos, mis silencios y soledades, mis primeras lecturas y pensamientos… y ahora, en la adultez, también las respuestas que me ofrece la Biblia? Las paredes parecen las mismas, pero dentro de ellas se han acumulado una multitud de memorias: el eco de las voces familiares, la sombra de las tardes solitarias, el murmullo de páginas leídas a escondidas. El café en la mesita se enfrió y yo lo miré sin remordimientos, preferí perder el sorbo a perder el momento. Sentada en la mecedora en ese mismo espacio, que ahora se iluminaba y coloreaba con el dibujo a crayolas de una de mis sobrinas a mi lado; el sueño en mi regazo de una bebe y la biblia en mis piernas. En unas horas sale mi vuelo a la ciudad de mi adultez a la que llevo conmigo la calma del mar y la ciudad donde crecí, y estos minutos son el puente entre este instante y lo que vendrá. Abrí la Biblia torpe...

Soliloquio salado desde mi tabla

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Por Diana Carolina Mendoza Corrales  “Ven hacia mí”   La tabla se mueve con cada ola, y en esa inestabilidad me hallé entregada a pensamientos tan salados y profundos como el mar mismo, que no dejan de recordarme las incertidumbres de la vida, tan envolventes como las olas, las que con su incesante vaivén parecian reclamar mi atencion con la misma insistencia de un corazón obstinado por vivir.  En este oleaje no siempre hay calma, no siempre hay control, pero sí una certeza: la voz que me llama es firme y confiable. Las palabras de Cristo me acompañan mientras avanzo sobre el mar:    “Ven hacia mí"   Desde el agua, la vista se suaviza, y aun las realidades más ásperas parecen perder su dureza. El sol temprano acaricia con delicadeza, la brisa se atreve a refrescar, y hasta las criaturas más insignificantes, como esos cangrejitos torpes y el solemne pelícano, parecen participar de un orden superior.   Y desde esta distancia, contemplando ...

Felicidad... Felicidad: Grandes cosas ha hecho el Señor

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Por Diana Carolina Mendoza Corrales  En el amanecer, junto a amigas y hermanas en la fe, nos reunimos para cantar, orar y celebrar la fidelidad de Dios. Allí, al meditar juntas el Salmo 126, encontramos la Navidad en las Escrituras.  Descubrimos que el verdadero tesoro de esta Navidad no está en lo visible, sino en Cristo mismo, nuestra felicidad y nuestro gozo.   El versículo 3 (NBLA) nos atravesó el corazón:  “ Grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros; estamos felices .”  Esa declaración es como roca firme, porque las promesas de Dios son verdaderas, son ciertas en Cristo.  

Santificar el nombre de Dios en tiempos oscuros

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Había un pueblo que pensaba estar seguro. Tenían marcas en sus manos y frentes, símbolos de pertenencia a un sistema que prometía estabilidad. Pero esa marca era una cadena invisible: control, opresión, pérdida de libertad.   Ese cuadro lo pinta la Escritura en Apocalipsis, y no es tan distinto de lo que Orwell imaginó en 1984, donde el ojo del poder vigila cada movimiento y la verdad se convierte en propaganda.   Ambas imágenes nos recuerdan algo esencial: cuando el ser humano se aparta de Dios, el resultado es un mundo frío, sin amor, sin verdad, sin libertad.  Una distopía no solo futura, sino presente.   La Biblia no nos deja en la desesperanza. Nos muestra que en medio del caos, el propósito eterno sigue intacto: el nombre de Dios debe ser santificado.   Santificar su nombre significa vivir de tal manera que cada decisión, cada palabra y cada espacio reflejen quién es Él. No es un acto ritual, es un estilo de vida.  Es reconocer que...

PODCAST Maternidad anclada en el evangelio: Encontrando a Cristo en los pañales

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A veces, lo que más necesitamos no es una solución, sino una voz que nos recuerde que no estamos solas. En este episodio, dos hermanas se sientan frente a los micrófonos con algo más que anécdotas. Lo que comparten no es una lista de consejos ni una oda a la maternidad idealizada. Es una conversación honesta, tejida con fe, vulnerabilidad y una claridad que desarma: la maternidad no es un escenario para demostrar fortaleza, sino un espacio donde la gracia de Dios se vuelve tangible.  Hablan de lo que muchas callamos: el cansancio que no se ve, las dudas que nos visitan en silencio, y esa pregunta que tantas veces nos golpea el alma: ¿seré suficiente? Es una invitación a mirar hacia arriba. A recordar que nuestra identidad no se define por lo que logramos, sino por lo que Cristo ya hizo. Que la maternidad no es una competencia, sino un terreno fértil para la gracia. Aquí no hay fórmulas. Hay verdad. Hay consuelo. Hay evangelio. Escúchalo si estás cansada de exigencias y anhelas v...

El outfit del corazón

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Por Diana Carolina Mendoza Corrales No es solo moda. Es fe.  Es carácter piadoso.  Esta mañana, mientras me preparaba para salir, me detuve frente al espejo como tantas veces. Pero esta vez no fue para ajustar el cuello de la blusa ni para decidir entre dos pares de zapatos. Fue para preguntarme algo que no suelo hacer:                                                                     ¿Qué te pusiste hoy? No hablo del abrigo que te da seguridad ni de los zapatos que te hacen sentir capaz. Hablo del alma. De ese vestido invisible que todos perciben, aunque nadie ve. Algo que no se corrige con corrector ni se disimula con perfume. ¿Qué está vistiendo hoy mi corazón? Aunque nadie lo nota a simple vista, el corazón también se viste. Y ese atuendo invisible habla más de nosotras que cualquier accesorio. De h...

Entrada de diario — Lunes

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Por Diana Carolina Mendoza Corrales  Hoy comencé el día muy temprano.  Antes de que el sol se asomara por la ventana y los pajaritos iniciarán su canto, ya estaba buscando a Jesús. No por obligación, sino por deseo.  Lo busqué en las páginas de mi Biblia, en los colores que pintaban el cielo, en la oración que brotaba de un corazón hambriento y necesitado por su presencia y compañía. Fue entonces cuando me encontró el Varón de dolores que describe Isaías 53, en la quietud de mi sala, con la vista en penumbras de las montañas, con el calor humeante y deleitoso aroma de mi taza de café en mis manos y lo acogedora de mi cobija.  El Varón de dolores. El que se describe con la mansedumbre de la oveja que es llevada al matadero. El justo que padeció por mí en silencio y fue molido por mis iniquidades. Al inigualable Jesús, al que he despreciado, ignorado, al que he hallado sin hermosura ni atractivo… ese mismo que ha pagado con su sangre el costo de mi paz. Y sin embargo...