Soliloquio salado desde mi tabla

Por Diana Carolina Mendoza Corrales

 “Ven hacia mí”  

La tabla se mueve con cada ola, y en esa inestabilidad me hallé entregada a pensamientos tan salados y profundos como el mar mismo, que no dejan de recordarme las incertidumbres de la vida, tan envolventes como las olas, las que con su incesante vaivén parecian reclamar mi atencion con la misma insistencia de un corazón obstinado por vivir. 

En este oleaje no siempre hay calma, no siempre hay control, pero sí una certeza: la voz que me llama es firme y confiable.

Las palabras de Cristo me acompañan mientras avanzo sobre el mar:  

“Ven hacia mí"  


Desde el agua, la vista se suaviza, y aun las realidades más ásperas parecen perder su dureza. El sol temprano acaricia con delicadeza, la brisa se atreve a refrescar, y hasta las criaturas más insignificantes, como esos cangrejitos torpes y el solemne pelícano, parecen participar de un orden superior.  

Y desde esta distancia, contemplando el mar tan inconstante como los afectos humanos, mis queridas sobrinas aparecen ante mí: corriendo, riendo, llorando. Su vivacidad me recuerda que la vida familiar, con sus luces y sombras, no es sino el escenario donde Dios revela su misterio: los hijos que moldean carácter, los esposos que se santifican y perfeccionan en el amor compartido, y el matrimonio que, en su humilde constancia, refleja el cuidado de Cristo.


Todo ello es un eco vibrante, una imagen colorida y alucinante que revela Su ternura y firmeza


Por tanto, no puede pasar inadvertido. Es una vision tan rica en matices que, lejos de ser una mera ilusión, deja entrever con claridad la ternura y firmeza de un carácter cuya constancia es tan admirable como su dulzura:

Cristo


Sabes, Snoopy… después de remar y mirar todo eso, me doy cuenta de que estar solo no significa estar vacío. Es parte del plan de Dios, y aunque a veces me pregunto qué vendrá después, sé que Él ya está escribiendo mi historia desde el principio. Cada ola me recuerda que no soy yo quien controla el rumbo, pero Cristo sí. Y aunque no sé lo que vendrá, puedo descansar en que Su gracia me sostiene ahora. No necesito correr ni preocuparme, porque Su bondad me llena en este momento, como una corriente que nunca falla. 

Hoy, mientras las olas me recuerdan lo incierto del camino, descanso en la certeza de que Su gracia es suficiente. No necesito fabricar un futuro ni apresurar un desenlace, porque cada página ya está escrita con ternura y propósito. Y si en esa escritura Él decide entrelazar mi vida con la de un compañero, que sea reflejo de Su amor y de Su carácter. Pero si me llama a caminar en soledad, que esa soledad sea también compañía, porque Cristo mismo llena el espacio y se convierte en mi verdadera satisfacción.  


En Su gracia descanso


Porque allí cada anhelo se ordena, cada vacío se llena y cada esperanza se sostiene. Que mi vida sea hallada en Ti, Señor, y que seas Tú quien conquiste mi corazón, para que todo lo que nazca en mí refleje la firmeza de Tu carácter y la belleza de Tu cuidado.


Ninalovehope

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