jueves, 10 de mayo de 2012

Amor sin limites



A diferencia de la gente, Dios nos ama sin importar nuestro desempeño.

El  primer  deseo  que  tenemos  los  seres  humanos  es  el  del amor incondicional y  la aceptación. Esto es algo que todos buscamos. Pero no  lo deseamos de cualquier persona; tendemos a quererlo de aquellas que más 
nos importan.  La  mayoría  de  nosotros buscamos  obtener  la  aprobación  de  esas 
personas,  ya  sean  nuestros  padres,  jefes,  o  de  las  gentes  que  queremos impresionar con el fin de pertenecer a su círculo social. 

Sin  embargo,  ese  tipo  de  amor  y  aceptación  está  totalmente condicionado; depende de  lo que debamos o no debamos hacer. Aun más, las  personas  de  quienes  tratamos  de  obtener  aprobación,  ellos  mismos tienen  los  valores  sesgados. Así,  podríamos  pasar  años,  y  hasta  décadas, intentando  obtener  de  alguien  o  de  algún  grupo  la  aprobación  que  puede ser contraria directamente a la voluntad de Dios.  
Verdaderamente,  solo  Dios  puede  ofrecemos amor  y  aceptación indiferencia  de  la  gente,  condicionales  para  siempre.  Solo  al  buscar  su 
aprobación sabemos que  vamos en la dirección correcta.  

A diferencia de la gente, Dios nos ama sin importar nuestro desempeño.
Aun cuando cometemos errores, él está de nuestro lado, alentándonos con su  apoyo. Si  el Dios  del  universo  nos  ama  y  aplaude,  ¿por qué  nos  debe importar  lo  que  los  demás  piensen  de  nosotros?  La  Palabra  de  Dios  nos 
dice: «Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de damos generosamente, junto con él, todas las cosas?  
¿Quién  acusará  a  los  que  Dios  ha  escogido?  Dios  es  el  que  justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo?


¿La tribulación, o la angustia, la persecución,  el  hambre,  la  indigencia,  el  peligro,  o  la violencia?  ...  Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquél que nos amó. 
Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios,  ni  lo  presente,  ni  lo  por  venir,  ni  los  poderes,  ni  lo  alto  ni  lo profundo,  ni  cosa  alguna  en  toda  la  creación,  podrá  apartamos  del  amor que  Dios  nos  ha manifestado  en  Cristo  Jesús  nuestro Señor».  (Romanos 8:31-15; 37-39).

Seguridad bendita 

El  segundo  deseo  profundo  que  cada  persona  tiene  es  la  seguridad.  Y para encontrar  la  seguridad que queremos,  tratamos de  conseguir aquello que  creemos  que  suplirá  nuestras  futuras  necesidades.  ¿Pero  cómo sabemos  para  qué  prepararnos?  Podemos  pasar  la  vida  sintiéndonos seguros acumulando riqueza, solamente para tenerlo todo destruido en una 
caída de la bolsa de valores, un fuego o una enfermedad. 

Solo Dios conoce el futuro, y solo él puede ofrecemos seguridad genuina. ¿Recuerda  esta  historia  del  capítulo  decimosegundo  del  Evangelio  de Lucas?: 

«El terreno de un hombre rico le produjo una buena cosecha. Así que se puso a pensar: "¿Qué vaya hacer? No tengo dónde almacenar mi cosecha". Por  fin  dijo:  "Ya  sé  lo  que  voy  a  hacer:  derribaré  mis  graneros  y construiré  otros  más  grandes,  donde  pueda  almacenar  todo  mi  grano  y bienes. Y diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para 
muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida”. Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?”  Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios» (versículos 26-21).

Proverbios  3:25-26  dice:  «No  temerás  ningún  desastre  repentino,  ni  a desgracia que sobreviene a los impíos. Porque el Señor estará siempre a tu lado y te librará de caer en la trampa». 

Si tenemos nuestra seguridad en Jesús, no tenemos absolutamente nada que  temer.  Él  con0ge  el  futuro  y  estará  con  nosotros  en  todas  las circunstancias. En  Isaías 41:10, Dios promete: «Así que no  temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa».  Para  construir  su  vida  en  la  persona  de  Cristo  hay  que  ser,  (en  sus propias palabras): «como un hombre prudente que construyó su casa sobre la  roca.  Cayeron  las  lluvias,  crecieron  los  ríos,  y  soplaron  los  vientos,  y azotaron  aquella  casa;  con  todo,  la  casa  no  se  derrumbó  porque  estaba cimentada sobre  la roca» Mateo 7:24-2. Otros construyeron sus casas en la arena de  la  riqueza,  la  fama o el poder. En cualquier momento,  todo  lo que han construido puede ser arrasado como un castillo de arena ante un 
mar tormentoso. 

En  las  palabras  de  un  antiguo  himno,  podemos  decir:  «¡Bendita seguridad,  Jesús  es  mío!».  El  es  la  seguridad  fundamental.  Cuando  lo encuentres,  la  paz  fluirá  a  través  de  ti.  Te  sentirás,  de  nuevo,  como  un pequeño  niño  que  sube  al  regazo  de  su  Padre todopoderoso  y  todo protector.  Podrás  dormir  profundamente  y  sentir  una maravillosa  frescura en las profundidades de tu alma.  La seguridad real, la seguridad verdadera, solo viene de Jesucristo.

Significación suprema 
El  tercer  deseo  profundo  que  cada  persona  tiene  es  la  significación:  de hacer  algo  con  nuestras  vidas  que  sea  de  valor  duradero  y  que  impacte, algo que realmente importe, que haga que valga la pena vivir la vida. 
La mayoría de nosotros intenta hacer cosas que parezcan ser importantes ante  la  vista  de  los  demás;  pero,  ¿cómo  sabemos  si  lo  que  estamos haciendo tiene una verdadera trascendencia? ¿Cómo  sabemos  si  todos  nuestros  esfuerzos  terminarán  siendo descaminados? ¿Nos pasaremos toda la vida escalando lo que creíamos que era  la escalera del éxito, solo para  luego descubrir que estaba apoyada en la pared incorrecta? 1 Corintios 3:11-15 aclara que Dios es el juez de lo que tiene  significación  eterna  y  de  lo  que  es meramente temporal.  El  apóstol Pablo explica: «Porque  nadie  puede  poner  un  fundamento  diferente  del  que  ya  está puesto, que es  Jesucristo. Si alguien construye sobre este  fundamento, ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja, su obra se mostrará  tal  cual  es,  pues  el  día  del  juicio  la  dejará  al  descubierto.  El fuego  la dará a conocer, y pondrá a prueba  la calidad del  trabajo de cada uno.  Si  lo  que  alguien  ha  construido  permanece, recibirá  su  recompensa, pero si su obra es consumida por las llamas, él sufrirá perdida. Será salvo, pero como quien pasa por el fuego», 
Solo el  trabajo hecho para Dios perdurará. Y, únicamente, al  tener una relación  significativa  con  Jesús,  podemos  saber  lo  que  Dios  desea  que hagamos  con nuestras  vidas:  qué  trabajo ha  escogido para  nosotros. Nos involucramos  en muchos  asuntos,  pero  cuando  Jesús  nos  dice:  «Busquen primeramente el  reino de Dios y su  justicia, y  todas estas cosas  les serán añadidas» Mateo 6:33, usted sentirá que su vida  tiene el propósito que su Señor  espera  de  ella.  Únicamente  aquellas  cosas  que  usted  dedica  a  la eternidad perdurarán; y usted las descubrirá al conocer a Jesús.  Amigo,  ¿es  usted  una  persona  lastimada  cuyas  necesidades  no  son satisfechas por las soluciones falsas que le ofrece el mundo? ¿Se ha sentido poco agradable, inseguro e insignificante? Le invito a que evoque los pasos que lo han traído a este lugar en su vida. Considere, cuidadosamente, estos tres temas y aplique las verdades sobre ellos en su vida. ¿Dónde ha buscado el amor? o ¿Qué ha buscado en su lugar? ¿Cómo ha  intentado encontrar seguridad? y ¿Cuánta paz y descanso ha obtenido? ¿Qué está haciendo para darle significado a su vida, y que diferencia ha conseguido en ella?  Le  recomiendo que haga  lo  siguiente: divida una pieza de papel en tres columnas y empiece a  contestar,  verazmente,  estas  preguntas.
Pídale a Dios que lo dirija hacia la verdad. Jesús prometió  que  su  Espíritu:  «nos  guiaría  a  la verdad» (Juan 14:17). 

Entonces, después de haber trabajado en una evaluación  franca  de  su  vida,  sus necesidades, y  la manera  en  que  usted  las,  ha  suplido,  le  pido  que  pase  tiempo  con Jesús, orando por cada regalo que solo él puede darle. No es necesario que le suplique; le aseguro que él anhela darle aun más de lo que usted ansioso desea aceptar.  Mi Señor Jesucristo desea llenar cada necesidad. Cuando usted le permita hacerla,  encontrará perfecto  e  incondicional  amor,  seguridad  absoluta, importancia  eterna:  todo  ello  fluyendo  abundantemente  hacia  todos aquellos que usted conoce.


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