...Y llegó el domingo.

 


Versículo para hoy para leer en tu Biblia: Marcos 16:1–6

Enfócate en la frase: “Ha resucitado… no está aquí”.


Y llegó el domingo.

Tal como fue dicho. Tal como fue prometido.

El tercer día anunciado por Jesús está aquí.

Cristo venció.

Unas mujeres buscaron a Jesús donde reposan los muertos, pero el Viviente ya no estaba allí.

Caminaron hacia una tumba creyendo que todo había terminado. No iban buscando un milagro. Iban a honrar. Iban a despedirse. Iban con amor sincero y con el peso real de una pérdida reciente. 

No sabían que estaban caminando hacia una resurrección, pero aun así caminaron.

Y Dios no despreció ese amor que llegó sin expectativas. Las recibió tal como venían. Las llamó por nombre. Las confió con una noticia que cambiaría todo: 

Él vive.

Buscaron a Jesús donde reposan los muertos, pero el Viviente ya no estaba allí.

Y allí, donde pensaban encontrar silencio definitivo, Dios abrió el sepulcro y abrió también sus ojos. La piedra removida no fue una explicación larga, fue una invitación a mirar más de cerca. 

El anuncio fue breve y suficiente:

  Ha resucitado, no está aquí. 

En ese instante comprendieron que el dolor no había sido el final, que la fidelidad no había sido en vano, que la historia estaba siendo reordenada por la vida.

Esa escena sigue hablándole a mujeres que hoy caminan con cargas que no siempre se notan.

Mujeres que siguen siendo fieles aun cuando no saben cómo va a resolverse todo. Mujeres que aman, trabajan, sostienen, perseveran, mientras lidian con emociones reales, decisiones difíciles y días que pesan más de lo esperado.

Mujeres que llegan con lo que tienen, aun cuando la esperanza ha aprendido a guardarse con cuidado.

Cristo resucitado no es solo victoria en una tumba vacía. Él sigue vivo. Sigue presente. Sigue cercano.

El domingo no terminó cuando aquellas mujeres se alejaron del sepulcro. Permanece.

  Cristo vive. 

Y porque vive, sigue encontrándose con mujeres comunes, llamándolas por nombre, sosteniéndolas en medio de sus luchas, recordándoles que su historia no está cerrada. Su victoria sigue siendo real, cercana y suficiente, hoy.

Romanos 8:34 nos recuerda que Jesús no terminó su obra cuando salió del sepulcro. El mismo Cristo que murió y resucitó ahora está vivo, reinando, y usando su autoridad para hablar a favor nuestro.

Esto no es una frase inspiradora para repetir cuando todo va bien; es la realidad que sostiene al corazón cuando el día se siente pesado, cuando nadie más ve la lucha, y cuando la fe necesita saber que no está sola. Incluso ahí, 

Cristo intercede.

Esto significa que, en medio de la presión del trabajo, de la tensión en casa, de la soledad que a veces se esconde detrás de un “estoy bien”, de las cuentas, de la ansiedad y de esas batallas internas que nadie más ve, no estamos abandonadas. 

Hay un Salvador vivo que no solo salió victorioso de una tumba, sino que ahora mismo está usando su autoridad para interceder por su pueblo ante el Padre.

 La resurrección no es un evento del pasado; es el fundamento que nos sostiene hoy. Y la intercesión de Cristo no es teoría; es el refugio real del corazón cansado.

¿Seremos hoy esas mujeres fieles a quienes Dios confía una verdad que no se puede quedar en silencio? 

Ellas fueron a honrar a Jesús aun cuando la muerte parecía haber cerrado la historia, y Él honró su amor revelándose vivo, tal como había dicho. 

Cristo murió y resucitó al tercer día conforme a las Escrituras, y esa noticia sigue siendo confiada a personas comunes. Entonces, 

¿viviremos esta semana como quienes saben que Jesús es Dios, nuestro único Señor y Salvador, anunciando con sencillez que Él vive, que está con nosotras en medio de las circunstancias, y que aun ahora intercede por nosotras delante del Padre?

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