Sábado, en silencio y con el alma hecha polvo
Por Diana Carolina Mendoza Corrales
Jesús, estoy aquí.
Llego necesitada, con la garganta apretada y el corazón en la mano. Mi alma reconoce tu nombre aunque mi voz se quiebre al decirlo. Hay fe en mí, sí… pero está cansada, herida, como una lámpara que aún arde aunque el viento le golpee la llama. He amado, he esperado, he confiado, y me duele admitir que me siento perdida por dentro: angustia en el pecho, soledad en la cama, fracaso en la espalda, pensamientos que regresan en la noche como si buscaran un lugar donde quedarse.
La piedra está frente a mí.
La miro sin adornos.
La miro como se mira lo inevitable cuando ya no queda energía para fingir. En esa piedra reconozco mis silencios, mis “no” abiertos, mi ansiedad que roba el aire, mi cansancio que no se disimula. Me quedo. Me quedo aquí porque quedarme es lo único verdadero que puedo ofrecerte hoy.
Recuerdo que hubo un día en que una piedra así cerraba un pozo de aguas vivas. Que hacía falta la fuerza de muchos para moverla, para dar de beber a los cansados, a los débiles, a los rebaños sedientos. Pero llegó uno solo, movido por amor, y con una fuerza que no era común, removió la piedra y abrió el pozo.
Así eres Tú.
Tú eres el Fuerte por amor.
El que no necesita ayuda para hacer lo imposible.
El que no pide permiso a la muerte.
La piedra que quiso sellar tu tumba, el peso que pretendió callarte, la piedad que creyó que la muerte tendría la última palabra… no te retuvieron. Tú rugiste desde dentro.
Tú entraste en la tumba por mí.
Con cuerpo real. Con amor real. Con determinación real.
Te entregaste. Tomaste mi lugar. Cargaste lo que me habría quebrado por completo. Bebiste la copa que yo no podía beber. Asumiste una ira que no era tuya para darme una vida que yo nunca podría ganar. Yo no sostengo esta esperanza por mi capacidad; la sostengo porque Tú la compraste. Mi fe hoy no descansa en mi fuerza. Descansa en la tuya.
Y si Tú puedes con la tumba, puedes con esto que me ata por dentro:
mi ansiedad que no descansa,
mi dolor que no se nombra,
mi soledad persistente,
mis adicciones visibles e invisibles,
mi frustración,
mi fracaso,
mi pesar que se me acumula en el pecho.
Tú eres la Vida.
Tu dominio no se suspende en el silencio.
Tu acción no se interrumpe por la piedra.
En la misma entrada del sepulcro, tu autoridad se siente como un rugido que no necesita volumen para ser invencible. La muerte no te retuvo. La piedra no te limitó. Tu victoria toca lo que me ata: mi ansiedad, mi dolor, mi soledad, mis adicciones, mi frustración, mi fracaso. Tu presencia entra en lo que me rompe y lo reclama como terreno tuyo.
Por eso mi fe hoy se siente pequeña, pero es verdadera. Es una llama temblorosa que cuido con las manos. No ilumina todo, pero alumbra lo suficiente para seguir respirando. Hoy es sábado, y mi corazón aprende a esperar sin ver. Yo me quedo… porque el domingo llegará.
Oh Cristo, dame de beber de Ti, de tu agua del pozo de la vida.**
¿Conoces a Jesús?
¿Conoces a Jesús, mujer que sufre y llora en silencio, que se siente ignorada, rechazada, no amada?
Él no te mira desde lejos. Él viene a tu encuentro. En el pozo de la desesperación, cuando ya no te quedan palabras limpias ni fuerzas bonitas, Cristo se acerca.
Aun cuando todo parezca quieto, Él reina.
Aun cuando parezca silencio, Él obra.
Aun cuando parezca tumba, Él trae vida.
Y en sus aguas de vida eterna no eres un caso más:
eres cuidada, amada, sostenida, provista con un amor perfecto que no se agota.
Señor Jesús, mi corazón está inquieto y cansado, y ya no quiero fingir que puedo sola.
Me rindo a tu nombre: sé mi Señor, sé mi Salvador, sé mi descanso cuando mi alma no logra descansar.
Lávame por dentro, rompe mis cadenas, enséñame a beber de tu vida cuando yo solo siento sed.
Ven a mi sábado y gobierna mi silencio; hazte fuerte en mi debilidad.
Y aunque hoy todavía sea sábado, afirma mi esperanza: Tú vives…
y tu domingo también viene.
Amén
@Ninalovehope

Comentarios