El consejo, el camino y la silla
-Por Diana Carolina Mendoza Corrales H oy me he descubierto queriendo aprender a amar a Dios en las pequeñas cosas, esas que casi siempre pasan desapercibidas, como si la vida, caprichosa y testaruda, insistiera en recordarme que lo esencial se esconde justo donde nadie lo mira. No fue una idea repentina, fue el resultado de la exhortación, confrontación y meditación que impregnó mi ser en el Salmo 1. Amar… amar a Dios… en mis más íntimos pensamientos, en esos en los que puedo recrearme y disfrutar por horas, más que cualquier bien en esta vida. Amar a Dios en esos lugares olvidados por nuestra atención moderna, donde no hay grandeza aparente ni señales evidentes de espiritualidad, lugares donde, sin embargo, la gracia suele trabajar con más constancia que en los momentos que llamamos “importantes”. Espacios que hace poco tiempo no hubiera visto como posibles para expresarle mi amor y mi pasión: el escritorio donde se mezclan leyes de derecho civil, resaltadores y una taza de caf...