Pensar coram deo

Por Diana Carolina Mendoza Corrales


Aprender a amar y creer en Dios
con toda mi mente ha sido lo más 
disruptivo que he hecho.

Durante mucho tiempo pensé que creer era, sobre todo, sentir. 

Sentir paz. Sentir consuelo. Sentir cercanía.

Ese sentir era real, pero incompleto. 


La fe biblica por su parte, me ha ido modelando una comprensión diferente.

En el tiempo y la experiencia inmersiva en ella me ha ido educando a creer correctamente:

 A pensar.

Comenzó a exigirme algo más honesto: no solo pensar, sino pensar, delante de Dios Padre, el lugar del que todo nace y por el que todo se sostiene. 

Fuente de la  Verdad, la Sabiduría y el Bien, formando en mí cada día por su Gracia una mente atenta, responsable y reverente.

   

La razón no queda aislada del sentimiento, pero lo gobierna; no lo reprime, lo conduce. 


Siempre me han considerado una mujer muy introspectiva, pensando siempre la vida con mucha profundidad por muy pequeñas que sean las razones y aceptables dentro de mi entorno.

El humanismo me enseñó a confiar en la razón, a tomarme en serio mis ideas, a creer que la mente podía ordenar el mundo. Aprendí a valorar la coherencia, la argumentación, el progreso. Y sin darme cuenta, me acostumbré a habitar el centro del escenario. La mente como tribunal supremo, yo como medida.

El existencialismo, en cambio, me enseñó a no huir de la experiencia interior. Escuchó la angustia, la libertad, el peso de decidir. Me obligó a mirar de frente la pregunta por el sentido y a no huir del vacío. 

Entre ambos, aprendí a pensar y a sentir con honestidad. Sin embargo, ese mismo ejercicio fue dejando al descubierto una pregunta más profunda: 


¿Dónde encuentra la mente su centro cuando ha aprendido a mirarlo todo, incluso a sí misma?


Cuando el Dios Creador sale al encuentro de su criatura y abre, por pura gracia, una reconciliación real: Cristo.

Lo encuentra cuando Cristo se presenta como la respuesta viva y personal.

Y lo sé de manera íntima, porque en medio de mi camino, en medio de mis ideas y mis pensamientos, Cristo Jesús se manifestó con Su gloria y Su excelencia.

Fue allí donde Cristo Jesús se manifestó como el centro sereno de este recorrido racional. No vino a desplazarlo o aniquilarlo, sino a revelarse como la plenitud de el.

En Él, en Cristo, la verdad dejó de ser solo una idea coherente o una experiencia intensa, y tomó forma, historia redentora y sentido de eternidad. Tomó nombre: Cristo. 

Dios Hijo, en quien creo con una fe salvadora (porque me reconcilia con Dios Padre), redentora (porque restaura lo quebrado)capacitadora (porque me sostiene para obedecer) y renovadora (porque reordena mi interior desde el evangelio y me da un nuevo corazón para tener un nuevo nacimiento. 1 muerte y 2 nacimientos).

Cuando el pensamiento se ordena desde Él, la existencia deja de improvisar.

La razón comenzó a ocupar su lugar correcto: un don recibido, una capacidad llamada a comprender, a ordenar y a contemplar la vida con profundidad. 


Poner en acción la mente se volvió un acto consciente: examinar, argumentar, filtrar, ponderar, concluir. 


Pensar empezó a sentirse como una vocación que honra a Dios, porque la mente fue creada para conocerle y para responder a la verdad con fidelidad.

Su revelación y relación no apunta a abandonar la razón ni negar la experiencia, sino a que en ambas encontrara su orientación definitiva: Cristo.

Descubrí que la verdad no nace de mi esfuerzo intelectual, sino que se revela y se encuentra: en el Dios trino —Padre, Hijo y Espíritu Santo—

Pensar delante de Él (coram deo) empezó a sentirse como un acto serio, reverente, profundamente espiritual y personal. Así, la vida intelectual y la vida espiritual caminan juntas. 



Responder al llamado de amar a Dios con el entendimiento, reconociendo que la razón no es autónoma ni ornamental, sino un don que participa en el conocimiento de la Verdad.


El Espíritu Santo acompaña este proceso con una presencia fiel y delicada. Ilumina el entendimiento, afina la sensibilidad espiritual y conduce al conocimiento vivo de Cristo. 

Por medio de la fe, el Espíritu integra las evidencias, las preguntas honestas y la experiencia cotidiana, formando una comprensión sólida y confiada del evangelio.

Así, amar y creer en Dios con toda mi mente fue aprender a pensar desde la Verdad y no desde mí; lo más contrario al ego y, por eso mismo, lo más disruptivo, verdadero, liberador y transformador que he vivido.


@Ninalovehope


** «La gran idea de la vida cristiana es coram DeoCoram Deo captura la esencia de la vida cristiana».
Esta frase literalmente se refiere a algo que sucede en la presencia o delante del rostro de Dios.

Vivir coram Deo es vivir toda la vida en la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios, para la gloria de Dios.

Vivir en la presencia de Dios es entender que lo que sea que hagamos y donde sea que lo hagamos, estamos haciéndolo bajo la mirada de Dios. Dios es omnipresente. No existe lugar tan remoto que podamos escapar de Su mirada penetrante.

-Rc Sproul

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad... Felicidad: Grandes cosas ha hecho el Señor

Descubriendo la belleza del rol bíblico de la mujer: Reflexiones desde el libro "Déjame ser mujer" de Elisabeth Elliot

A donde fue Cain después de haber matado a su hermano Abel