Solo me quedo aquí
Solo me quedo aquí.
Hoy mi corazón se abre
para confesar lo que vivo
en la batalla diaria de la fe.
No es un camino sencillo:
las tentaciones me rodean,
las dudas me golpean
y mis caídas me recuerdan
mi fragilidad.
Hay cosas que me inquietan, Señor.
Preguntas que vuelven
sin avisar.
Vengo con el corazón abierto,
preguntándome, en silencio
y con temblor:
¿Qué es fallarte?
Sé que no soy perfecta.
Pero no quiero usar esa verdad
como refugio para amarte sin compromiso.
No quiero convertir mi fragilidad
en un argumento silencioso
para darte lo mínimo y reservarme
lo mejor para mí.
No quiero ofrecerte restos
mientras conservo mis fuerzas,
mis sueños y mis afectos
para construir mi propio reino.
Te pertenezco.
Eres mi Señor y mi Salvador.
Eres mi todo.
En Ti encontré la paz
que nunca logré fabricar
por mis propios medios.
La plenitud que busqué
en tantas cosas:
en logros,
en afectos,
en reconocimientos,
en control,
y que siempre terminó
dejándome con hambre.
Pero en medio de todo,
Cristo se revela
como mi sostén.
No soy guardada
por mis méritos.
Eso lo he aprendido
una y otra vez.
Soy guardada por Tu fidelidad.
Me quedo contigo
y con lo que Tú me das.
Renuncio a ser la reina
de mi reino.
Renuncio al trono
que tantas veces
defendí con orgullo.
Quiero que Tú, oh Señor,
seas mi Rey.
Cuando me miro a mí misma,
veo debilidad, pecado,
una mujer que no merece
la mirada del Rey.
Pero cuando levanto
mis ojos a Jesús,
descubro un amor
que no se agota,
una gracia que me cubre,
una misericordia
que me restaura.
Tú me tomas de la mano
y me recuerdas que:
Soy tuya.
Incluso cuando tropiezo.
Hay días en que me siento
indigna de ser escuchada,
atendida o cuidada.
Y sin embargo, Tú me buscas.
Me esperas en la mañana,
me acompañas en la tarde,
me sostienes en la noche.
Conversas conmigo
en mis silencios
y me invitas
a reconciliarme contigo
cuando mi corazón
se ha alejado.
¿Cómo no rendirme
en adoración
ante tanto amor?
No poseo grandes tesoros
de este mundo
ni he alcanzado todo
lo que alguna vez soñé.
Pero jamás había experimentado
tanta plenitud
como la que encuentro
en Cristo.
Tú eres mi Bien,
mi gozo,
mi libertad.
He sido creada para Ti.
Y solo cuando permanezco
unida a Ti,
hallada en Ti,
descubro el verdadero sentido
y la realización
de mi existir.
Tú sostienes todas las cosas.
Sostienes el universo
y también
mi frágil corazón .
Sostienes mi vida,
mis errores,
mis caídas
y aun mis victorias.
Al final, todo se trata de Ti.
Hoy corro a tu cruz
y allí hallo perdón,
limpieza y reconciliación.
Tu expiación me asegura
que soy aceptada, amada
y restaurada.
Mi alma se llena
de gratitud y mi voz se eleva
en alabanza:
Gloria sea a Dios,
gloria sea a Cristo,
gloria sea al Espíritu Santo
por los siglos de los siglos.
Amén.
@Ninalovehope


Comentarios