Deseo compartir con ustedes un rato en la presencia de Dios, con canciones de adoracion en chill out: espero la disfruten y aprovechen un rato de intimidad con el Padre. Besos
Por Diana Carolina Mendoza Corrales En el amanecer, junto a amigas y hermanas en la fe, nos reunimos para cantar, orar y celebrar la fidelidad de Dios. Allí, al meditar juntas el Salmo 126, encontramos la Navidad en las Escrituras. Descubrimos que el verdadero tesoro de esta Navidad no está en lo visible, sino en Cristo mismo, nuestra felicidad y nuestro gozo. El versículo 3 (NBLA) nos atravesó el corazón: “ Grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros; estamos felices .” Esa declaración es como roca firme, porque las promesas de Dios son verdaderas, son ciertas en Cristo.
🌸 Querida lectora, Si alguna vez te has preguntado cuál es tu propósito como mujer, si has sentido el peso de expectativas contradictorias o si simplemente anhelas vivir con más intención y claridad, quiero invitarte a detenerte un momento… y considerar esta verdad: Dios no se equivocó al crearte mujer. El libro Déjame ser mujer de Elisabeth Elliot es una joya que nos lleva de la mano a redescubrir lo que significa ser mujer según el corazón de Dios. No desde la presión cultural, ni desde los estereotipos, sino desde la Palabra viva que nos da identidad, propósito y dirección. 🌷 Un diseño que inspira confianza Desde las primeras páginas, Elisabeth nos recuerda que la feminidad no es una carga que debemos soportar, sino una expresión gloriosa del diseño divino. Ser mujer no es una categoría secundaria, es una vocación sagrada. Somos llamadas a reflejar el carácter de Cristo en lo cotidiano: en cómo amamos, servimos, hablamos y edificamos. Ser “ayuda idónea” no significa se...
Por Diana Carolina Mendoza Corrales ¿Qué tan grande era la sala de mi infancia, si en ella cabían mis juegos, mis risas y llantos, mis silencios y soledades, mis primeras lecturas y pensamientos… y ahora, en la adultez, también las respuestas que me ofrece la Biblia? Las paredes parecen las mismas, pero dentro de ellas se han acumulado una multitud de memorias: el eco de las voces familiares, la sombra de las tardes solitarias, el murmullo de páginas leídas a escondidas. El café en la mesita se enfrió y yo lo miré sin remordimientos, preferí perder el sorbo a perder el momento. Sentada en la mecedora en ese mismo espacio, que ahora se iluminaba y coloreaba con el dibujo a crayolas de una de mis sobrinas a mi lado; el sueño en mi regazo de una bebe y la biblia en mis piernas. En unas horas sale mi vuelo a la ciudad de mi adultez a la que llevo conmigo la calma del mar y la ciudad donde crecí, y estos minutos son el puente entre este instante y lo que vendrá. Abrí la Biblia torpe...
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